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viernes, octubre 30, 2009

1) Ayer intentaron robar la maquinita de bolas, de ésas que sacan chicles y juguetes de plástico, que hay delante de la panadería del barrio. Lo más sorprendente es que se la llevaban con una carretilla. En plena tarde, con la calle llena de gente. Tampoco es que llegaran muy lejos, pero me sorprende la voluntad de irse a robar con carretilla.

2) La basura se recoge según; según el ayuntamiento pague o no, y cuánto pague, de la inmensa deuda que mantiene. Y así con todo.

3) Cortan la luz, de pronto. Y luego ves a los del servicio de aguas hurgando; yo, la verdad, ya no quiero saber qué pasa.
Por lo menos no eran los del gas, que siempre mete más miedo.

Como diría Liniers, "gente que anda por ahí"

domingo, junio 29, 2008

1) En Sevilla, la calle Zaragoza tiene dos puntos de gran interés para mí: la librería de cómics, y parafernalia relacionada, Nostromo, y la heladería La Fiorentina, donde despachan con amabilidad mi helado favorito del mundo (en este momento al menos, porque el mundo es muy grande e ignoto), de limón con hierbabuena.

2) Hay lugares en el Algarve que, al contemplarlos, me viene a la cabeza la idea de que hay personas que pagarían (y, de hecho, pagan) por estar ahí mismo, donde estoy ahora. Y es un pensamiento poco elevado, pero no me alcanza el orgullo de los privilegiados tan a menudo, oigan.

3) Hay pocos placeres como estar de vacaciones un día laborable, porque todo lo agradable que estamos haciendo se multiplica, porque el cuerpo sabe todo lo que No está haciendo: el cuerpo sabe que no ha madrugado, que no ha estado horas bajo las luces fluorescentes de las oficinas, que no ha estado tensando la espalda y las cervicales, los codos y los hombros, y callándose la boca, para ganarse el panecillo de cada día. El cuerpo lo sabe, y se esponja, y lo agradece. Y yo que, incidentalmente, participo de las bondades de estar viva dentro de este cuerpecito, me alegro mucho.

jueves, abril 05, 2007

1) Abandono la lectura de novelas. Ni siquiera puedo con Arthur & George de Julian Barnes, que no es exactamente ficción. Sólo soy capaz de leer ensayos o cómic (o releer viejas novelas y, aún éso, con cierto desapego).

2) "Brontosaurus" y la nalga del ministro y El pulgar del panda, de Stephen Jay Gould, me gustarían más si estuviesen mejor traducidas. Hay frases que no sólo no son español, es que son un sinsentido (en varios idiomas).

3) Desánimo total en el seguimiento de series que hace poco me gustaban. Vuelvo mi escéptica mirada hacia unos capítulos de Dr. Who, recién obtenidos, esperando que me devuelvan al mundo de los enganchados.

4) Me he quedado sin internet unos días, y no ha sido el apocalipsis (como dirían en Buffy, "el fin del mundo, ¿otra vez?")

5) tengo que ir a una boda y he comprado ropa convencional (relativamente) para el evento. Ésto sí que es extraño.

jueves, noviembre 02, 2006

Diez horas en un autobús, viajando para asistir a un entierro. El cielo color malva azulado, pero no cae ni gota, las paradas en estaciones que le dan un nuevo matiz a la palabra Desolación. Como dice mi amiga S., cuando la vida tiende al drama, la naturaleza se encarga de poner el atrezzo.
Diez horas dan para darle vueltas a la mollera. Para decirle adiós a los últimos jirones de infancia, dando por acabada una época. Hemos jugado a ser adultos hasta que acabamos siéndolo. Fingiendo ser mayores hemos ido a trabajar, o comprado un coche, o pedido un préstamo en el banco, pensando que tomábamos sólo la apariencia de la edad adulta, que seguíamos siendo chiquillos abrumados dentro de un traje demasiado grande. Pero resulta que no se ensaya para ser mayor, que ya no seremos jóvenes nunca más, que todo ésto iba en serio.

miércoles, agosto 30, 2006

El calor no es un tema de conversación, es una realidad física, palpable, mortal. La sombra misma tiene entidad, cuerpo: sumergirse en una sombra es entrar en otro mundo, con una densidad del aire tan distinta que parecería otro gas, más liviano, más respirable, más alegre.
Cruzar la calle a las tres de la tarde, saliendo a pleno sol, es un ejercicio de convicción, de voluntad, la mente obligando al cuerpo a hacer algo doloroso. Mejor no lo prueben. Sólo para especialistas.
Acabo de llegar a casa, tengan piedad de mí.

domingo, agosto 20, 2006

1) Para que se hagan una idea (si les apetece) del libro que comentaba, dejo un fragmento de Las bodas de Cadmo y Harmonía de R. Calasso.

2) Estoy leyendo Viajeros medievales. Los ricos y los insatisfechos de Margaret W. Labarge (ed. Nerea), y me está gustando: el estilo es ameno, y el tema interesante. Ha sido un hallazgo casual en la biblioteca pública, al buscar otro libro que no encontré. Últimamente confío la elección de mis lecturas un poco al azar. Y no me va mal.

3) Nada que hacer, horarios restringidos, ningún servicio, mucho calor. Esta ciudad a veces me exaspera en su incompetencia, en su limitación. El único cine que queda está en un centro comercial rodeado de nada: hay que ir a propósito hasta allí, juntando voluntad, y luego afrontar la vuelta caminando hasta encontrar dónde tomarse esa cerveza (que te bebes como un dipsómano).
Peor aún es que falle algo y te quedes sin película, después del paseíto: empiezas a poner al cielo por testigo de que nunca volverás a ir al cine, y cosas así.

domingo, julio 30, 2006

El curso del 88-89 es, para mí, el tiempo de los comienzos. La mayoría de edad, recién adquirida, creía yo que me daba un ímpetu especial de persona adulta, lista para tomar decisiones importantes, para romper con los restos de la pegajosa adolescencia y su peso muerto. Empezaba la vida real y estaba leyendo La isla del tesoro
Fue el primer curso en la Universidad, ese centro del saber donde nos abrirían las cabezas como melones para meternos dentro conocimientos elevados, distintos de todo lo que habíamos aprendido antes. En la decepción estaba la semilla de todo lo que aprendí en los años universitarios, las cantinas, los cafés, el cine y las conversaciones largas, larguísimas.
Entablé conversación, por primera vez, con la que luego sería (y sigue siendo) mi mejor amiga, en la cola para matricularnos. Es un gran recuerdo.
Y también recuerdo momentos de felicidad absoluta, inesperada y sin motivo aparente. Una mañana en que tenía un examen, y simplemente me tiré sobre una alfombra a escuchar la radio mientras leía algunos temas, pensando en si me presentaría o no.
A veces la felicidad es el sol en las cortinas, una temperatura suave, estar descalza en una alfombra, y tener conciencia de que eres libre de ir o no ir a cualquier parte.
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Toda esta evocación viene de una iniciativa desde Cisne Negro, quien se hunde en la nostalgia del año 1985

Vean la lista de los años evocados, que espero que se vaya ampliando...

jueves, julio 06, 2006

La verdadera llegada del verano se hace notar: el balance de actividades se reduce a largas siestas y largas veladas en las terrazas. Y así nos quedan por delante tres meses, más o menos. Qué sufrimiento.

lunes, junio 19, 2006

He recibido un regalo estupendo, de ésos tan buenos que parecen hechos a medida, de ésos que parecen estar esperándote:


Y todo gracias a esa persona que vive conmigo, y que encuentra en un quiosco, en la otra punta del país, estas dos películas, y me llama por teléfono para preguntarme si las quiero, porque le parece una ocasión estupenda y sabe que me encantan.
Por si alguien puede aprovecharlo, se encuentran al módico precio de diez euros, en una colección llamada "Días de cine".

Especialmente, Las vacaciones de M. Hulot es una película que me hace reír hasta que se me caen lagrimillas y me pone de un buen humor enorme. Genial, original y graciosísima, puedo verla montones de veces, en uno de esos ciclos compulsivos que me dan y me hacen temible (así que el que me compren Dos películas de Tati puede ser aún peor para el donante).

Y es la primera foto hecha con mi nueva cámara que pego aquí. Otra ocasión más que celebrar.

sábado, junio 17, 2006

Vuelves a viejos lugares conocidos y, al pronunciar sus nombres, al hacerlos rodar en la boca, se quiebra una cáscara y despierta la conciencia del recuerdo, que es a la vez extrañamiento: Yo Una Vez Fuí De Aquí.
Es raro el regusto de la toponimia en el paladar.

domingo, abril 30, 2006

Existe un disfrute sutil de las cosas, un disfrute por delegación, que se produce, por ejemplo, cuando se está comiendo una tapa de ensaladilla de gambas y se piensa en cuánto le gustaría a cierta amiga (que se encuentra a quinientos kilómetros de distancia y no se encuentra, por tanto, en disposición de degustarla ahora mismo). Igual vale para un lugar, un paisaje, un suceso o cualquier otra concrección del espacio-tiempo.
También se produce cuando leemos un libro, un relato, un artículo en una revista, y al momento se nos viene a la mente lo interesante que lo encontraría y cómo podría comentarlo una persona concreta, un amigo. Y leemos, disfrutando por delegación, al pensar en el disfrute que le produciría.
Podría ser que estuviéramos desdoblándonos en dos lectores simultáneos, pero a veces creo que, en estos casos, no es uno mismo el que está leyendo: se lee revestido de otra personalidad, que conocemos bien, se lee con otros ojos.
Claro que, igualmente, podría dudar de que fuese yo misma la que el otro día saboreó una tapa, (tan abstraída estaba en lo feliz que le haría a otra persona), por más que fue mi estómago el que la digirió.

viernes, marzo 31, 2006

Contemplando las cosas con cierta perspectiva, los inconvenientes del trabajo, los bajos sueldos y otras miserias inherentes al sistema, no son nada, comparados con la posibilidad de tomarse una cervecita en una terraza.
El primer día en que te atreves a llevar manga corta, en que no llevas calcetines gordos. Ese placer del cuerpo reconquistando el aire libre, ese expandirse la piel, respirar los poros, esa voluptuosidad del cambio de temperatura, de luz.
Oler las frutas nuevas en el mercado. Ver mudar de colorido a los maniquíes en los escaparates. Flores, gafas de sol, piernas al aire.
Qué más se puede pedir, si además es viernes.

martes, marzo 01, 2005

Con tiempo revuelto, las ventanas se vuelven imanes para la vista. Cada diez minutos nos asomamos a mirar cómo llueve o cómo cambia esa acuarela gris del cielo. Hay un placer gatuno en enroscarse en casa mientras afuera diluvia.

Si el clima fuese indefectiblemente soleado día tras día, nadie se molestaría en ir a ver por la ventana. Porque es lo inestable del clima lo que proporciona intriga al espectáculo, igual que la ventana es el límite del escenario.

viernes, marzo 12, 2004

lenitivo, va. DRAE
(Der. del ant. lenir, lenificar, y este del lat. lenire).
1. adj. Que tiene virtud de ablandar y suavizar.
2. m. Medicamento que sirve para ablandar o suavizar.
3. m. Medio para mitigar los sufrimientos del ánimo.

Ofrezco algunos de los que me están sirviendo.
Ver el dvd del espectáculo Saltimbanco del Cirque du Soleil, para no olvidar que existen aún imágenes de la belleza, cuerpos ágiles y coloridos, imaginación, magia.
Leer un librito como Los más bellos cuentos Zen de Henri Brunel, que está lleno de historias a la vez contemplativas e ingeniosas, que dejan, quizás, una media sonrisa.
Y el chocolate caliente, claro.

martes, agosto 12, 2003

No, no estoy de vacaciones. Simplemente, hace demasiado calor en este cuartito como para acercarse al ordenador y sentir sus potentes ventiladores echándote el aire caliente en los pies. Así que he renunciado a pasar el verano en internet. El clima no acompaña: ni leer puedo.
En cuanto me echen del bar de abajo (con aire acondicionado) volveré por aquí.

jueves, mayo 01, 2003

Evasivas, una bitácora exquisita de Eva La Maga: ¿alguna vez se han emborrachado con un perfume o perdido en una canción?, ¿alguna vez han sentido que una palabra les traspasaba, quedando en la herida sin dañarles, como la luz atraviesa una vidriera de colores?. Pues algo así, pero en bitácora.

sábado, febrero 15, 2003

Sigo sin oficio ni beneficio, pero ahora dispongo de tiempo, soy libre. Después de hacer un examen, parece que te hubieran dado vacaciones: el mundo es un lugar soleado cuando se sale de una oposición.
Así que lo primero que he hecho es irme a la biblioteca y conseguirme unos cuantos libros, con una alegría que sólo se entiende por la anterior privación. Y luego, al cine, a la calle, a los bares, a donde sea. La aventura nos llama....

miércoles, enero 22, 2003

Ha venido de visita mi amiga C. y he pasado casi dos días hablando con ella, para aprovechar. Y es que tampoco encuentro a mi alrededor tantas personas con las que pueda conversar de tantas cosas, de cualquier cosa, sin el temor de resultar pedante, o demasiado superficial, o aburrida, o idiota...
Se vuelve difícil encontrar gente con intereses comunes, o con algún interés en escuchar y explicar novedades, libros, descubrimientos, películas, imágenes, pensamientos o lo que sea. Todos preferimos, en realidad, algo más ligero, que nos distraiga.
Nada de liviandades: una bitácora que encontré en Cisne Negro. Hago publicidad, porque me gusta, sin más.

jueves, enero 09, 2003

He vuelto de mis supuestas vacaciones: para tener vacaciones, primero habría que tener trabajo. Los opositores, desempleados y parásitos nunca descansamos (en ésto somos como los idiotas).

viernes, diciembre 20, 2002

Comentario oído a la salida del cine: de un jovenzuelo, dirigiéndose a su chica: "A mí sí que me gusta leer, pero no libros". La chica no perdió su mirada de embeleso.
Yo me quedé con ganas de preguntarle por sus lecturas.