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martes, abril 29, 2014

"Caxton no era un gran tipógrafo. Esa fue una de las principales razones por las que apreciaba a Wynkyn de Worde, el joven que le sucedería al frente de su imprenta londinense. De Worde fue el primer impresor d Fleet Street, donde se instaló alrededor de 1500. Allí comenzó a incorporar una amplia gama de fuentes europeas a sus publicaciones, que no tardaron en conocer la fama. De Worde aprovechó la creciente demanda de ediciones más baratas; así, vendió textos de gramática a las escuelas, a la vez que imprimía novelas, poesía, música y libros infantiles ilustrados para su puesto de libros aledaño a la catedral de San Pablo. Llegado el siglo XVI, sus innovaciones eran imitadas en toda Europa. Sólo habían pasado cincuenta años desde Gutemberg y la revolución del tipo móvil hacía las delicias del común lector y provocaba el recelo de la Iglesia"
SIMON GARFIELD, Es mi tipo. Un libro sobre fuentes tipográficas. Cap. 5, Las manos de los hombres iletrados

(Recordando al protagonista de la novela de Terry Pratchett, La verdad. Wynkyn de Worde. Este detalle me ha hecho muchísima gracia)

jueves, enero 17, 2013

"...También hay algo más triste, una sequedad de espíritu, una falta de amor, y hasta de curiosidad, que se disfrazan de suficiencia. No sé si se podrán estudiar las rocas o las bacterias o las partículas subatómicas sin una disposición entusiasta, sin la convicción de que vale la pena consagrar la vida a ese conocimiento, pero estoy bastante seguro de que si no hay entrega y fervor y voluntad de asombro cualquier aproximación a las artes es perfectamente estéril..."
Antonio Muñoz Molina, Amor al arte, El País/Babelia 12/01/2013

"...Nunca había leído un libro que, como La Buena Novela, de Laurence Cossé (Boulogne, Billancourt, 1950), abordara esta pasió por los libros de forma tan sistemática y total. Y no ya la pasión creativa (Thomas Mann y su Doctor Faustus sería aquí, seguramente, el ejemplo más insigne), sino por todo lo que rodea al libro: editores, libreros, lectores que ansían comprarlos, coleccionarlos, compartirlos.
Esta novela de novelas me ha encantado, aunque no dejo de preguntarme si la disfrutarán tanto como yo aquellos que no comparten mi pasión fundamental. ¿Por qué puede apasionar tanto la literatura?, esa el la pregunta que late tras este libro. Para mí la respuesta es clara: porque es una condensación de la existencia, una recreación -comprimida y esencial- de ese maremágnum que llamamos vida.
Lo que aquí se cuenta es la historia de un grupo de insensatos que, hartos de la literatura como industria y del libro como mercancía, deciden abrir una librería en la que sólo se vendan obras maestras. Buscan esa extraña y maravillosa complicidad que da el amor a los libros..."
Pablo D'Ors, "Bibliofilia Asesina", Abc/Cultural 12/01/2013

miércoles, junio 20, 2012

STEFAN ZWEIG, Montaigne.
"Los acontecimientos de este mundo nada pueden contra tí mientras te niegues a tomar parte en ellos; el desvarío de la época no es una calamidad real mientras conserves tu claridad de ideas. E incluso los peores de estos acontecimientos, las aparentes humillaciones, los golpes del destino, los vives sólo en tanto que te muestras débil ante ellos, pues ¿quién sino tú mismo les otorga valor e importancia, les atribuye placer y dolor?. Tu yo no puede ensalzar ni denigrar nada excepto a tí mismo: ni siquiera a la presión exterior más fuerte le resulta fácil neutralizar a quien se mantiene interiormente firme y libre. Siempre, pero sobre todo cuando el individuo vea amenazadas su paz interior y su libertad, la palabra y el sabio consejo de Montaigne serán un alivio, pues nada nos protege más en una época de confusión y de bandos opuestos que la lealtad y el humanismo. Basta una hora, o media, con su libro para encontrar una palabra correcta y alentadora. Siempre y cada vez, lo que él dijo hace siglos sigue siendo cierto y válido para todo aquel que luche por su propia independencia. A nadie debemos estar tan agradecidos como a aquellos que, en una época tan inhumana como la nuestra, fortalecen el elemento humano que hay en nosotros; a aquellos que nos exhortan a no renunciar a lo único indeleble que poseemos, nuestro yo más íntimo, a pesar de todas las presiones y obligaciones externas, temporales, estatales o políticas. Pues sólo aquel que se mantiene libre frente a todo y a todos, conserva y aumenta la libertad en la tierra."

miércoles, febrero 09, 2011

Vida de Samuel Johnson, de James Boswell


"El sábado 30 de julio el doctor Johnson y yo tomamos un balandro con remero en las escaleras del Temple y emprendimos por el Támesis la travesía hasta Greenwich. Le pregunté si realmente creía que el conocimiento del latín y el griego era requisito esencial de una buena educación. JOHNSON: «Sin duda alguna, pues quienes conocen estas lenguas tienen una gran ventaja sobre quienes no las conocen. Asimismo, es asombrosa la diferencia que la preparación establece entre las personas, incluso en las relaciones corrientes de la vida, que no parecen guardar mayor relación con ella.» «Y, sin embargo-dije-, la gente va por el mundo como si tal cosa y lleva adelante sus negocios y su propia vida sin preparación alguna.» JOHNSON: «Bien, señor, eso puede ser cierto en casos en los que lo aprendido no tiene ninguna utilidad; por ejemplo, este muchacho que rema nos conduce tan bien, desde luego, como si supiera cantar la canción de Orfeo a los argonautas, que fueron los primeros marinos.» Y preguntó al muchacho: «¿Qué darías tú por saber quiénes son los argonautas?» «Señor-respondió-, daría lo que tengo.» Johnson quedó encantado con su respuesta, y le dimos el doble de lo que quiso cobramos por la travesía del río. Luego, se volvió hacia mí. «El deseo de saber es sentimiento natural de la especie humana, y todo ser humano cuyo entendimiento no esté pervertido y corrupto estará presto a dar lo que tenga con tal de adquirir conocimientos.»

Desembarcamos en la Posada del Cisne Viejo y paseamos hasta Billingsgate, donde tomamos otro bote y discurrimos suavemente por las aguas plateadas del Támesis. Hacía un día espléndido. Nos distrajimos con las numeroosas y variadas embarcaciones ancladas, y con el hermoso paisaje de ambas orillas."
A.D. 1763

lunes, noviembre 16, 2009

Samuel Johnson, Viaje a las Islas Occidentales de Escocia, KRK Ediciones (2006), edición y traducción de Agustín Coletes Blanco

Lo que no puede hacerse salvo trabajosa o complicadamente tiende a dejarse. Lo incómodo de las ventanas escocesas hace que nunca se abran. Nuestros vecinos del norte aún no se han planteado la necesidad de ventilar las estancias, y no es de extrañar que el visitante, incluso en casas de buena traza y elegante mobiliario, suspire en ocasiones por un poco de aire fresco.
Fijarse en estas minucias parece detraer algo de dignidad a la palabra escrita, y en consecuencia no se mencionan sino con cierto escrúpulo y recelando desaires y menosprecios. Pero hay que recordar que la vida no consiste en una serie de hechos ilustres o goces donosos, y que pasamos la mayor parte del tiempo atendiendo a nuestras necesidades, cumpliendo con nuestros deberes diarios, solventando los problemas de poca monta, procurándonos pequeños placeres. Y que nos encontramos a gusto o a disgusto según si nuestra vida discurre apaciblemente o si, por el contrario se altera a menudo con estorbos e impedimentos. El verdadero estado de las naciones es el estado de la vida diaria. No ha de buscarse el civismo de un pueblo en los grandes centros educativos o palaciegos, donde el carácter nacional se difumina y desdibuja por los viajes y el estudio, por la filosofía o la vanidad; ni tampoco hay que evaluar la felicidad pública por las fiestas de los disipados o los banquetes de los ricos. La inmensa mayoría de la gente no es ni rica ni disipada; al pueblo en su conjunto hay que buscarlo en la calle, en las aldeas, en los talleres y en las granjas; y de él debe tomarse nivel de la prosperidad colectiva. Una nación se va perfeccionando a medida que el pueblo accede a lo exquisito, y en el momento en que se multiplican las comodidades, es cuando a una nación –al menos a una nación comercial—se la puede llamar rica.

jueves, julio 23, 2009

De Paseos por Roma, Stendhal

15 de agosto de 1827.- Mi hospedero ha colocado flores ante un pequeño busto de Napoleón que hay en mi habitación. Mis amigos conservan definitivamente sus habitaciones en la plaza de España al lado de la escalera que sube a la Trinita dei Monti.
Supongan dos viajeros bien educados, que recorren juntos el mundo; cada uno de ellos se complace en sacrificar al otro sus pequeños proyectos de cada día y, al fin del viaje, resulta que se han incomodado constantemente.
¿Son varios los que quieren ver una ciudad? Se puede convenir una hora por la mañana, para partir juntos. No se espera a nadie; se supone que los ausentes tienen razones para pasar solos esa mañana.
Por el camino, se acuerda que aquel que se coloca un alfiler en el cuello de su traje se vuelve invisible; ya no se le habla. Por último, cada uno de nosotros podrá, sin faltar a la educación, viajar solo por Italia e incluso volver a Francia; ésa és nuestra carta escrita, y firmada, esta mañana en el Coliseo, en el tercer piso de los pórticos, sobre el sillón de madera que allí colocara un inglés. Por medio de esta carta esperamos querernos al volver de Italia tanto como al venir.


Este blog magnífico sigue estos paseos de Stendhal por Roma, obra a obra, una maravilla de dedicación.

domingo, julio 19, 2009

De El rosa Tiepolo, Roberto Calasso

Para un pintor, quizás el destino más agradable, y el más justo, sea convertirse en un color, como Dafne en el laurel. Eso le sucedió a Tiepolo con Proust. En toda la Recherche, tan colmada de referencias a la pintura, no se habla nunca de una obra de Tiepolo. Pero su nombre aparece en tres ocasiones, y cada vez con referencia a una mujer distinta: Odette, la duquesa de Guermantes y Albertine. Son las tres mujeres sobre las que más ha fantaseado Marcel, las que más lo han hecho sufrir (incluso a través del desdoblamiento en Swann), las que han acompañado su vida como una estela brillante y triple.
Para Marcel, Tiepolo fue ante todo bata de Odette. A sus ojos de joven y empecinado adorador, ninguna de las toilettes con las que Madame Swann aparecía en sociedad era ni de lejos comparable con la «maravillosa bata de crêpe de Chine o de seda, rosa antiguo, cereza, rosa Tiepolo, blanca, malva verde, roja, amarilla, lisa o con dibujos, con la que Madame Swann había desayunado y que estaba a punto de quitarse». Como fiel adorador, Marcel deploraba que no saliese vestida de ese modo, y recordaba que entonces Odette «reía, para jugar a la indiferencia o por el placer del cumplido». Acaso entre Odette y Marcel no se repetiría nunca un momento de tal intimidad, protegido por el color que se desprendía de la gama de la bata: el «rosa Tiepolo».
Con la duquesa de Guermantes, años más tarde, se produciría otra epifanía tiepolesca. Esta vez pública y luminosa, cuando la duquesa se mostraba con «su capa de noche, de un magnífico rojo Tiepolo»...
El último fue el Tiepolo de Albertine, que existe esta vez en el forro de una bata, como en las transmigraciones budistas. De nuevo impregnado en el aura de su lugar de origen: Venecia.

jueves, marzo 05, 2009

De El segundo círculo de los mentirosos, Jean-Claude Carrière. Lumen

Un granjero de visita

Gérard Genette contó* la historia de un próspero granjero americano que vino a Francia a visitar a un primo lejano, también campesino, aunque mucho más modesto.
-Yo -dijo el americano- salgo en coche por la mañana de mi granja y al anochecer aún no he salido de mi rancho.
-Ya -le respondió el primo-, yo también tuve un coche como ese.
Genette añade: "El principio de este chiste es evidente, pero, por alguna razón que se me escapa, me parece especialmente sabroso el adverbio antaño".

*Esta historia la cuenta Gérard Genette en Bardadrac, Seuil, París, 2006.

viernes, diciembre 05, 2008

Ya está embarcado en la bodega, un nuevo cuento, elegido de entre las muchas curiosas historias contenidas en Cuentos Chinos del Río Amarillo, edición de Imelda Huang Wang y Enrique P. Gatón, editorial Siruela.
Este cuento se titula La plañidera que no sabía llorar, y me ha parecido especialmente raro, por el uso de elementos de la naturaleza, por el concepto, por el simbolismo. Espero que lo disfruten.

martes, septiembre 09, 2008

En la revista cultural del periódico Abc, la semana pasada, publicaron un par de artículos, que he recortado, sobre uno de mis autores preferidos de todos los tiempos, Montaigne y el arte del diálogo y Cuando era montaña. También venía una reseña del libro de Stefan Zweig sobre Montaigne (publicado en Acantilado), pero no soy capaz de enlazarla. Me gustaría leer este libro, así que pondré en marcha esta cansada máquina conseguidora, y lo intentaré en la biblioteca.

También hablaba de Montaigne, y hablaba bien (como tiene por costumbre), Daniel Pennac en el Babelia del sábado, en una entrevista. Este escritor me pone de buen humor, incluso en diferido, y me gusta cuando dice ésto:

No pretendo compararme con él, pero me sucede lo que a Michel de Montaigne: no tengo memoria funcional. Él, que era un hombre bien educado y cortés, era incapaz de recordar los nombre de sus sirvientes. Para lograrlo recurría a trucos nemotécnicos, como asocial el apellido con la función que desempeñaban o con el nombre del pueblo donde habían nacido. Montagine anotaba sus libros y luego no era capaz de recordar lo que significaba aquella anotación, por qué la había hecho. Hubo un momento en que intenté llevar un diario personal, pero limitándome a lo factual. Cuando lo releía no recordaba ninguno de los hechos que había anotado. Es la ficción la que me permite recordar. Es un psicoanálisis salvaje

sábado, mayo 17, 2008

Un último fragmento de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, que espero nos anime a la muy edificante curiosidad en el fin de semana.

El sábado 30 de julio el doctor Johnson y yo tomamos un balandro con remero en las escaleras del Temple y emmprendimos por el Támesis la travesía hasta Greenwich. Le pregunté si realmente creía que el conocimiento del latín y el griego era requisito esencial de una buena educación. JOHNSON: «Sin duda alguna, pues quienes conocen estas lenguas tienen una gran ventaja sobre quienes no las conocen. Asimismo, es asombrosa la diferencia que la preparación establece entre las personas, incluso en las relaciones corrientes de la vida, que no parecen guardar mayor relación con ella.» «Y, sin embargo-dije-, la gente va por el mundo como si tal cosa y lleva adelante sus negocios y su propia vida sin preparación alguna.» JOHNSON: «Bien, señor, eso puede ser cierto en casos en los que lo aprendido no tiene ninguna utilidad; por ejemplo, este muchacho que rema nos conduce tan bien, desde luego, como si supiera cantar la canción de Orfeo a los argonautas, que fueron los primeros marinos.» Y preguntó al muchacho: «¿Qué darías tú por saber quiénes son los argonautas?» «Señor-respondió-, daría lo que tengo.» Johnson quedó encantado con su respuesta, y le dimos el doble de lo que quiso cobramos por la travesía del río. Luego, se volvió hacia mí. «El deseo de saber es sentimiento natural de la especie humana, y todo ser humano cuyo entendimiento no esté pervertido y corrupto estará presto a dar lo que tenga con tal de adquirir conocimientos.»
A.D. 1763M AETAT. 54

viernes, mayo 16, 2008

Más de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell (editorial Acantilado)


«Señor, mucho disfruto con el trato de los jóvenes, en primer lugar porque no me agrada considerarme envejecido. Acto seguido, la amistad de los jóvenes ha de ser más duradera si es que está llamada a durar; además, los jóvenes tienen mayor virtud que los hombres ya maduros, pues poseen en todos los sentidos sentimientos más generosos. Amo a los cachorros de esta época, tienen más ingenio, más humor y mayor conocimiento de la vida de lo que teníamos nosotros, si bien no son los perros buenos y aplicados. En mis años mozos, señor, leí con ahínco. Es triste reflexión, pero es cierta, que a los dieciocho sabía casi tanto como ahora. Mi criterio, qué duda cabe, no podía ser tan sólido, pues mi juicio no estaba formado, aunque ya conocía lo que hay que conocer. Recuerdo muy bien que cuando estaba en Oxford un anciano caballero me dijo: "Señor, sumérjase ahora en su libro con diligencia y adquiera buen caudal de conocimientos, pues cuando los años le caigan encima comprobará que examinar los libros a fondo es una tarea irritante."»
A.D. 1763, AETAT. 54

lunes, mayo 12, 2008

De Vida de Samuel Johnson, James Boswell (editorial Acantilado)


Al estimar sus progresos intelectuales durante estos dos años, así como en las posteriores épocas de su vida, no debemos tener en consideración sus apresuradas confesiones de haber pecado de pereza, pues bien se ve, tan pronto se explicaba mejor, que se había dedicado a pertrecharse de distintos modos, y él mismo, en efecto, concluía el relato diciendo: «No quisiera, señor, hacerle pensar que por entonces me pasara las horas mano sobre mano.» Desde luego habría podido estudiar con mayor asiduidad y aplicación, pero es lícito suponer que un espíritu como el suyo se haya enriquecido mucho más vagando a sus anchas por los campos de la literatura que confinado a pacer en un solo prado. La analogía entre cuerpo y alma está muy extendida, y el paralelismo bien alcanza hasta el alimento de uno y otro, así como alcanza cualquier otro particular. La carne de los animales que se alimentan de un modo itinerante resulta, según común acuerdo, mucho más sabrosa que la de los animales encerrados en un corral. ¿No es posible que exista idéntica diferencia entre los hombres que leen según el variado acicate de su gusto y, de otra parte, los hombres confinados en sus celdas y colegios para cumplir la tarea que se les asigne?
A.D. 1728, Juventud
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"La pereza es una enfermedad que hay que combatir, aunque no le aconsejaría yo que se plegase usted con todo rigor a un determinado plan de estudios. Yo por lo menos nunca he perseverado en un plan durante dos días seguidos. El hombre debe leer aquello a lo que lo guíen sus inclinaciones, pues lo que lee por imposición poco o ningún bien le hará. Un joven debe leer cinco horas al día, pues así adquirirá un gran caudal de conocimientos"
A. D. 1763, AETAT. 54

martes, marzo 11, 2008

EL DESTINO SIEMPRE TE SALE AL CAMINO (albanés)

Era y no era un viejo que vivía en un pueblo. Trabajaba día y noche, pero no ganaba ni para un mendrugo de pan.
Un día decidió marcharse para averiguar cuál era su destino y le dijo a su mujer:
-Querría irme para averiguar cuál es mi destino, porque así no puedo vivir.
Y ella le dijo:
-Ve.
Y se fue.
Pronto le salió al camino un lobo, que le preguntó:
-¿Adónde vas?
-Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él.
-Pregúntale de mi parte por qué, aunque coma más y más carne, nunca me siento saciado.
el hombre siguió camino y llegó a la orilla del mar. Allí encontró un pez enorme que saltó fuera del agua y le preguntó:
-¿Adónde vas?
-Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él.
-Pregúntale de mi parte por qué, aunque estoy dentro del agua día y noche, siempre tengo sed.
El hombre cogió al pez y lo tiró de nuevo al mar. Siguió camino hasta que llegó a una taberna y entró para comer un poco de pan.
El tabernero le preguntó:
-¿Adónde vas?
-Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él.
-Pregúntale de mi parte por qué, da igual las semillas que plante, en mi huerto no crece nada.
Y el hombre siguió camino, y caminó y caminó hasta que se le apareció un Ángel que le preguntó:
-¿Adónde vas?
-Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él.
-Yo soy el Señor -dijo el ángel-. Vuelve a tu casa, que tu destino te saldrá al camino.
-Un lobo me ha pedido que te pregunte por qué, aunque coma mucha carne, nunca se siente saciado -le preguntó el hombre.
-Dile al lobo que hasta que no coma carne humana no se sentirá saciado -respondió el ángel.
-Un pez me ha pedido que te pregunte por qué, aunque está dentro del agua día y noche, siempre tiene sed.
-Dile al pez que hasta que no expulse la piedra preciosa que tiene en el estómago, siempre tendrá sed.
-Un tabernero me ha pedido que te pregunte por qué, da igual las semillas que plante, en su huerto no crece nada.
-Dile al tabernero que hasta que no desentierre un tesoro que hay en su huerto no crecerá ninguna semilla que plante.
El ángel se fue y el hombre emprendió el camino de regreso. LLegó a la taberna y le dijo al tabernero:
-He hecho lo que me pediste, y el ángel me dijo que hasta que no desentierres un tesoro que hay en tu huerto no crecerá ninguna semilla que plantes.
-Ayúdame a desenterrar el tesoro -dijo el tabernero-. Te daré la mitad.
Pero el hombre dijo:
-No lo haré, me voy porque mi destino me saldrá la camino.
Así que se fue y llegó al mar donde estaba el pez.
-He hecho lo que me pediste, y el ánel me dijo que tienes una piedra preciosa en el estómago y hasta que no la expulses no dejarás de tener sed.
Y el pez se arrastró por la orilla hasta que expulsó la piedra preciosa.
-Coge esta piedra, con ella te podrás comprar un reino entero -le dijo al hombre.
-No lo haré, me voy porque mi destino me saldrá al camino.
Y dejando allí la piedra preciosa, siguió su camino hasta que llegó adonde estaba el lobo.
-He hecho lo que me pediste y el ángel me dijo que hasta que no comas carne humana no te sentirás saciado.
Y el lobo se lo comió. Y el hombre encontró su destino en el camino.


Cuentos populares del Mediterráneo, edición de Ana Cristina Herreros (Siruela)

miércoles, febrero 13, 2008

De El mundo del príncipe resplandeciente, de Ivan Morris, cap. II:El marco.


La construcción abierta de la casa shinden y su íntima relación con el jardín eran características que le conferían un indudable atractivo. Sin embargo, por lo que a comodidad física se refiere, las viviendas heian, incluso las de los aristócratas más ricos, difícilmente podrían haber sido menos sugerentes. En particular, estaban mal equipadas para hacer frente a los rigurosos inviernos de la ciudad. Los redondos braseros de madera, que constituían el principal medio de calefacción, tenían escaso efecto sobre la temperatura de las grandes salas abiertas y los largos corredores llenos de corrientes. Esto repercutía directamente en las modas. Las mujeres debían protegerse con numerosas capas de ropa y, puesto que se trataba de una época de buen gusto, hacían de la necesidad virtud, y la sutil armonía de los colores de las diferentes capas constituía uno de los grandes artes de la vida cotidiana.


Pueden leer un fragmento mayor, si les apetece, acerca de la arquitectura de la época Heian en Japón (en torno al año 1000), las casas de los nobles, su mobiliario y otras curiosidades.
Hay mucho más en este libro, que trata de forma amena sobre un mundo que nos resulta tan lejano, ese sofisticado mundo en que se escribieron obras como La historia de Genji o El libro de la almohada, y me parece una gran ayuda para cualquiera que se haya acercado a estas obras, además de una lectura entretenida e interesante.

jueves, enero 17, 2008


32

Me acuerdo de que el verdadero nombre de Lord Mountbatten era Battenberg.
33

Me acuerdo de los fulares de seda hechos de tela de paracaídas.
34

Me acuerdo de la cinemateca de la avenida de Messine
...
211

Me acuerdo de un queso que se llamaba "La Vaca Seria" ("La Vaca que Ríe" los llevó a juicio y ganó)
...
451

Me acuerdo de Robert Mitchum cuando decía "Children..." en la película de Charles Laughton
La noche del cazador


Me acuerdo, Georges Perec
Traducción y notas, Yolanda Morató. Ed. Berenice, 2006

miércoles, noviembre 07, 2007


Martin Rees, astrónomo real inglés, cree que hay muchos universos, quizás un número infinito, cada uno con atributos distintos, en combinaciones distintas, y que nosotros simplemente vivimos en uno que combina las cosas de manera tal que nos permite existir en él. Establece una analogía con una tienda de ropa muy grande: "Si hay grandes existencias de ropa, no te soprende encontrar un traje que te valga. Si hay muchos universos, regidos cada uno de ellos por un conjunto de números distintos, habrá uno en el que exista un conjunto determinado de números apropiados para la vida. Nosotros estamos en ése"
...
En un dibujo a escala del sistema solar, con la Tierra reducida al diámetro aproximado de un guisante, Júpiter estaría a 300 metros de distancia y Plutón a 2,5 kilómetros -y sería del tamaño similar al de una bacteria, así que de todos modos no podrías verlo-. A la misma escala, Próxima Centauri, que es la estrella que nos queda más cerca, estaría a 16.000 kilómetros de distancia. Aunque lo redujeses todo de tamaño hasta el punto en que Júpiter fuese tan pequeño como el punto final de esta frase y Plutón no mayor que una molécula, Plutón seguiría quedando a 10 metros de distancia.


Una breve historia de casi todo, Bill Bryson
leído gracias a una recomendación perfectamente justificada, en Fogonazos: Diez enseñanzas del señor Bryson

viernes, junio 22, 2007


Pero aún nos queda por andar un largo camino hasta que podamos comprender de nuevo a Dickens. El camino sigue una caprichosa vereda inglesa, una de esas veredas llenas de revueltas por donde pasa Mr. Pickwick. Pero al menos una parte de la lección de Dickens es que la camaradería y la seria alegría no son intermedios en nuestras jornadas; que más bien nuestras jornadas son intermedios en la camaradería y la alegría, las cuales, a través de Dios, han de durar para siempre. La posada no lleva al camino: es el camino el que conduce a la posada. Y todos los caminos llevan a una última posada, donde hemos de reunirnos con Dickens y todos sus personajes, y cuando juntos bebamos de nuevo, será el vino de las grandes garrafas de la taberna del fin del mundo

Capítulo XII. Nota sobre el futuro de Dickens.
Charles Dickens, de G. K. Chesterton. Traducción de Emilio Gómez Orbaneja (editorial pre-textos)
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Así termina este ensayo. Dan ganas de gritar "aleluya" y salir a echar un trago. Hay momentos en que la exaltación chestertoniana pueden compartirla hasta los ateos recalcitrantes, y quizás también ayude que hoy es el primer viernes del verano.

martes, mayo 22, 2007


Al pueblo no le gusta la mala literatura. Le gusta, sí, literatura de cierto género, y le gusta, aun cuando sea mala, con preferencia a la de otro género, aun cuando ésta sea buena. No veo en ello nada de absurdo; la línea divisora entre diferentes tipos de literatura es tan real como la que separa el llanto de la risa; y decir a gentes que no pueden obtener más que comedias malas, que ponéis a su disposición una tragedia de primer orden, es como ir a ofrecer a uno que tirita bebiendo café caliente un helado de clase indudablemente superior.
Si al público común y corriente le disgustan las exquisiteces modernas, no es porque sean buenas o sean malas, sino porque es otra cosa lo que apetece. Si a estas gentes hacinadas en calles imposibles y hambrientas de aventura y secretos violentos les vamos a preguntar qué prefieren, una buena novela policíaca como
Estudio en escarlata, o la Autobiografía de Mark Rutherford, que es un excelente monólogo psicológico, indudablemente se pronunciarán por la novela. Pero no a causa de que la Autobiografía sea un excelente monólogo, sino porque, con toda evidencia, es una mala historia de detectives...

Capítulo V. La Gran Popularidad.
Charles Dickens, de G. K. Chesterton. Traducción de Emilio Gómez Orbaneja (editorial pre-textos)

domingo, abril 22, 2007

Paul Valéry
Salmo T., de "El cementerio marino"

" El más escéptico de todos
es el Tiempo,
que con los Noes hace Síes
y con el odio amor
y al contrario.
Y si el río no remonta su fuente,
y si la manzana caída no salta
y se reúne a su rama
es porque te falta paciencia para creerlo. "