Me gusta una idea que anda rondando en la Vida de Samuel Johnson, y que he extraído en algunos fragmentos aquí expuestos. Y es que hay que leer lo que nos plazca, fuera de obligados senderos, de itinerarios de lectura marcados. Porque es lo que leemos por nuestro propio impulso y necesidad lo que luego nos aprovecha. Quizás es que yo también leí todo lo posible antes de los dieciocho o veinte años, y luego ya apenas he extendido mi horizonte. Mi época de leer sin medida fue la adolescencia. Los grandes atracones de novelas, las noches leyendo una historia que era imposible abandonar sin llegar al final. Ahora mismo, que supongo que tengo un gusto formado (sólo lo supongo), se lo agradezco a las novelerías que leí a escondidas, cuando tenía que estar cumpliendo mi obligación estudiantil de leer libros de los llamados serios, para clase. No cuento ésto para dar consejos, ni impartir doctrina; sólo quiero celebrar que aún dure el entusiasmo de aquellas lecturas felices (recordadas con nostalgia), que aquel impulso aún me mantenga aquí, leyendo y compartiendo mis lecturas. Puro sentimentalismo.
Un último fragmento de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, que espero nos anime a la muy edificante curiosidad en el fin de semana. El sábado 30 de julio el doctor Johnson y yo tomamos un balandro con remero en las escaleras del Temple y emmprendimos por el Támesis la travesía hasta Greenwich. Le pregunté si realmente creía que el conocimiento del latín y el griego era requisito esencial de una buena educación. JOHNSON: «Sin duda alguna, pues quienes conocen estas lenguas tienen una gran ventaja sobre quienes no las conocen. Asimismo, es asombrosa la diferencia que la preparación establece entre las personas, incluso en las relaciones corrientes de la vida, que no parecen guardar mayor relación con ella.» «Y, sin embargo-dije-, la gente va por el mundo como si tal cosa y lleva adelante sus negocios y su propia vida sin preparación alguna.» JOHNSON: «Bien, señor, eso puede ser cierto en casos en los que lo aprendido no tiene ninguna utilidad; por ejemplo, este muchacho que rema nos conduce tan bien, desde luego, como si supiera cantar la canción de Orfeo a los argonautas, que fueron los primeros marinos.» Y preguntó al muchacho: «¿Qué darías tú por saber quiénes son los argonautas?» «Señor-respondió-, daría lo que tengo.» Johnson quedó encantado con su respuesta, y le dimos el doble de lo que quiso cobramos por la travesía del río. Luego, se volvió hacia mí. «El deseo de saber es sentimiento natural de la especie humana, y todo ser humano cuyo entendimiento no esté pervertido y corrupto estará presto a dar lo que tenga con tal de adquirir conocimientos.» A.D. 1763M AETAT. 54
Más de la Vida de Samuel Johnson, de James Boswell (editorial Acantilado)
«Señor, mucho disfruto con el trato de los jóvenes, en primer lugar porque no me agrada considerarme envejecido. Acto seguido, la amistad de los jóvenes ha de ser más duradera si es que está llamada a durar; además, los jóvenes tienen mayor virtud que los hombres ya maduros, pues poseen en todos los sentidos sentimientos más generosos. Amo a los cachorros de esta época, tienen más ingenio, más humor y mayor conocimiento de la vida de lo que teníamos nosotros, si bien no son los perros buenos y aplicados. En mis años mozos, señor, leí con ahínco. Es triste reflexión, pero es cierta, que a los dieciocho sabía casi tanto como ahora. Mi criterio, qué duda cabe, no podía ser tan sólido, pues mi juicio no estaba formado, aunque ya conocía lo que hay que conocer. Recuerdo muy bien que cuando estaba en Oxford un anciano caballero me dijo: "Señor, sumérjase ahora en su libro con diligencia y adquiera buen caudal de conocimientos, pues cuando los años le caigan encima comprobará que examinar los libros a fondo es una tarea irritante."» A.D. 1763, AETAT. 54
Vuelvo con más series de tv. Imagínense una mezcla de El Golpe con Ocean's Eleven, ambientada en el moderno Londres de lujosas oficinas, grandes hoteles, refinados casinos (y callejones con rufianes): algo así es la serie Hustle, que ha empezado a emitir en abierto la Sexta este pasado sábado noche. En semejante día, y considerando que eran más de las once y pusieron un episodio doble, puede preverse poco poder de enganche de esta primera tanda, y posiblemente empiece pronto el baile de días de emisión, tan habitual. Espero equivocarme y que mucha gente pueda disfrutar de una serie tan entretenida. Además, tiene algunas peculiaridades en la puesta en escena, como que algunos personajes se paren a hablar a cámara directamente o que se congele la acción general mientras dos personajes hablan (como en un "aparte" de teatro); incluso hay momentos oníricos o un fragmento de película musical en blanco y negro. Todo ello resulta de lo más razonable, el homenaje a las grandes películas de timos no es repetitivo, y siempre es agradable ver historias donde triunfa la inteligencia sobre la codicia.
La página oficial y, por si alguien aún lo ignora, pueden leer un montón de comentarios sobre buenas series en Espoiler, que se dedica a ello. Yo sólo pasaba por aquí.
De Vida de Samuel Johnson, James Boswell (editorial Acantilado)
Al estimar sus progresos intelectuales durante estos dos años, así como en las posteriores épocas de su vida, no debemos tener en consideración sus apresuradas confesiones de haber pecado de pereza, pues bien se ve, tan pronto se explicaba mejor, que se había dedicado a pertrecharse de distintos modos, y él mismo, en efecto, concluía el relato diciendo: «No quisiera, señor, hacerle pensar que por entonces me pasara las horas mano sobre mano.» Desde luego habría podido estudiar con mayor asiduidad y aplicación, pero es lícito suponer que un espíritu como el suyo se haya enriquecido mucho más vagando a sus anchas por los campos de la literatura que confinado a pacer en un solo prado. La analogía entre cuerpo y alma está muy extendida, y el paralelismo bien alcanza hasta el alimento de uno y otro, así como alcanza cualquier otro particular. La carne de los animales que se alimentan de un modo itinerante resulta, según común acuerdo, mucho más sabrosa que la de los animales encerrados en un corral. ¿No es posible que exista idéntica diferencia entre los hombres que leen según el variado acicate de su gusto y, de otra parte, los hombres confinados en sus celdas y colegios para cumplir la tarea que se les asigne? A.D. 1728, Juventud ----- "La pereza es una enfermedad que hay que combatir, aunque no le aconsejaría yo que se plegase usted con todo rigor a un determinado plan de estudios. Yo por lo menos nunca he perseverado en un plan durante dos días seguidos. El hombre debe leer aquello a lo que lo guíen sus inclinaciones, pues lo que lee por imposición poco o ningún bien le hará. Un joven debe leer cinco horas al día, pues así adquirirá un gran caudal de conocimientos" A. D. 1763, AETAT. 54
Con la última temporada de la serie The Closer terminada, a la espera del retorno de la insustituible Brenda, he buscado otra serie con la que llenar un poco este vacío. Y he tenido la suerte de encontrar otra serie policíaca, que es de mi gusto y que creo que mantiene la altura: Life. Resumiendo mucho, un policía es condenado de por vida (de ahí el título) por un asesinato que no cometió, se pasa unos años en la cárcel, donde no sólo no consiguen matarlo los otros presos, ni se vuelve tarumba del todo, sino que se pasa a la filosofía Zen. Hasta que su nueva abogada consigue reabrir el caso, las pruebas de adn lo exculpan y sale a la calle con una generosa compensación económica, además de recuperar su trabajo. Y hasta aquí puedo leer. Curiosamente, ambas series tienen en común un elemento importante para hacer que una serie de este tema mantenga el interés: un protagonista peculiar, con personalidad. Está claro que un detective con métodos sorprendentes anima la historia, y que es necesario un carácter persistente (por no decir que son más cansinos que Colombo) para investigar los casos que se plantean (retorcidos, sí). Y aquí se acaban los parecidos, porque Life también es una historia sobre la redención y la venganza, al estilo del Conde de Montecristo (sustituyendo al personaje del abate Faria por un libro sobre Zen). Son, de momento, once capítulos disponibles, hasta que vuelva la serie, allá por septiembre (y confío en Mr MacGuffin para mantenerme al tanto de las sabrosas novedades al respecto)
Por primera vez en cinco años de existencia, voy a reconocer que tengo ésto un poco abandonado. Échenle la culpa al absorbente Mundo Real y a la pereza. Prometo enmendarme, y, de momento, dejo unos asuntos sobre los que iba a escribir.
He descubierto un entretenimiento culinario (en francés), cocina de Campagne, y me voy a poner manos a la obra con una sencilla receta de tostaditas, aunque esté lejos de mi alcance disponer de quesos tan selectos (me apañaré con algo similar, si lo hay). Sobre quesos, un lugar adecuado para deleitarse es fromages d'auvergne, con su vaquita verde y azul que me parece suficiente para mejorar el humor (en medio de tanta astenia). Y, ya puestos a compartir placeres, les ofrezco estos placeres insensatos. Para usar con precaución (o no).
Una (pequeña) indicación acerca de la Vida de Samuel Johnson, precioso libro de la editorial Acantilado: leer este libro en la cama puede causar lesiones, bien porque mantenerlo abierto cansa los brazos y hombros, pudiendo producir daños en las cervicales, bien porque resbale de las manos sobre las costillas, las narices u otras partes delicadas del lector imprudente. Anoche sufrí un leve percance. Y no, no puedo colocarlo en un atril: es tan grueso que no cabe. Riesgos de la literatura.
1) Bienvenidos a la fiesta, un lugar excelente para encontrar qué leer, recordar libros que nos encantaron, o simplemente disfrutar leyendo las reseñas: me ha gustado la que trata sobre el William Blake, de G.K. Chesterton, o sobre una de sus novelas, El club de los negocios raros. Es un placer leer comentarios tan bien escritos acerca de Chesterton, que sigue siendo uno de mis favoritos. Y ha sido su reseña de Vida de Samuel Johnson, de Boswell la que me ha dado el empujón final para interesarme en leer esta obra: es uno de esos libros que aparecen mencionados tantas veces que te parece raro no haberlos leído ya. De paso, unos fragmentos para animarse a ello.
2) gracias a Moonfleet por elegirme entre sus cinco bloggers para una isla desierta, proporcionándome la perspectiva de una nueva aventura marinera y buenas conversaciones: es un honor saberse entre tan buena compañía en la imaginación de Mr. Jeremy Fox.
3) Historia de la Piratería, de Philip Gosse, de la Editorial Renacimiento (Sevilla) viene a ser la reedición en un solo libro de los tomos de la Colección Austral. Siempre es bienvenida la reedición de un clásico descatalogado (aunque es una lástima la calidad del papel), y es una estupenda ocasión para cualquiera que no conozca la obra de conseguirla, al fin, fácilmente: es una lectura ligera, entretenida y con un tono humorístico (que no llega a ser tan negro como podría, con un tema tan favorable para ello). Otra buena noticia: la misma editorial publica el Quién es quién en la piratería, del mismo autor, dentro de una colección llamada "Isla de la Tortuga" muy recomendable.
EL DESTINO SIEMPRE TE SALE AL CAMINO (albanés) Era y no era un viejo que vivía en un pueblo. Trabajaba día y noche, pero no ganaba ni para un mendrugo de pan. Un día decidió marcharse para averiguar cuál era su destino y le dijo a su mujer: -Querría irme para averiguar cuál es mi destino, porque así no puedo vivir. Y ella le dijo: -Ve. Y se fue. Pronto le salió al camino un lobo, que le preguntó: -¿Adónde vas? -Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él. -Pregúntale de mi parte por qué, aunque coma más y más carne, nunca me siento saciado. el hombre siguió camino y llegó a la orilla del mar. Allí encontró un pez enorme que saltó fuera del agua y le preguntó: -¿Adónde vas? -Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él. -Pregúntale de mi parte por qué, aunque estoy dentro del agua día y noche, siempre tengo sed. El hombre cogió al pez y lo tiró de nuevo al mar. Siguió camino hasta que llegó a una taberna y entró para comer un poco de pan. El tabernero le preguntó: -¿Adónde vas? -Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él. -Pregúntale de mi parte por qué, da igual las semillas que plante, en mi huerto no crece nada. Y el hombre siguió camino, y caminó y caminó hasta que se le apareció un Ángel que le preguntó: -¿Adónde vas? -Voy a buscar al Señor para que me diga cuál es mi destino -respondió él. -Yo soy el Señor -dijo el ángel-. Vuelve a tu casa, que tu destino te saldrá al camino. -Un lobo me ha pedido que te pregunte por qué, aunque coma mucha carne, nunca se siente saciado -le preguntó el hombre. -Dile al lobo que hasta que no coma carne humana no se sentirá saciado -respondió el ángel. -Un pez me ha pedido que te pregunte por qué, aunque está dentro del agua día y noche, siempre tiene sed. -Dile al pez que hasta que no expulse la piedra preciosa que tiene en el estómago, siempre tendrá sed. -Un tabernero me ha pedido que te pregunte por qué, da igual las semillas que plante, en su huerto no crece nada. -Dile al tabernero que hasta que no desentierre un tesoro que hay en su huerto no crecerá ninguna semilla que plante. El ángel se fue y el hombre emprendió el camino de regreso. LLegó a la taberna y le dijo al tabernero: -He hecho lo que me pediste, y el ángel me dijo que hasta que no desentierres un tesoro que hay en tu huerto no crecerá ninguna semilla que plantes. -Ayúdame a desenterrar el tesoro -dijo el tabernero-. Te daré la mitad. Pero el hombre dijo: -No lo haré, me voy porque mi destino me saldrá la camino. Así que se fue y llegó al mar donde estaba el pez. -He hecho lo que me pediste, y el ánel me dijo que tienes una piedra preciosa en el estómago y hasta que no la expulses no dejarás de tener sed. Y el pez se arrastró por la orilla hasta que expulsó la piedra preciosa. -Coge esta piedra, con ella te podrás comprar un reino entero -le dijo al hombre. -No lo haré, me voy porque mi destino me saldrá al camino. Y dejando allí la piedra preciosa, siguió su camino hasta que llegó adonde estaba el lobo. -He hecho lo que me pediste y el ángel me dijo que hasta que no comas carne humana no te sentirás saciado. Y el lobo se lo comió. Y el hombre encontró su destino en el camino.
Cuentos populares del Mediterráneo, edición de Ana Cristina Herreros (Siruela)
1) Un periodista, hablando sobre las elecciones primarias en los Estados Unidos, comenta la importancia de la decisión final de los picatostes del partido demócrata. Y yo me imagino unos cuadraditos de pan frito, bien trajeados, discutiendo graves asuntos. Capitostes es una palabra poco usada, y quizás el periodista tenía ganas de irse ya a comer. Lapsus los tiene cualquiera, pero éste es divertido.
2) Titulares surreales, por ejemplo, éste del día de hoy en El País: "El avión pierde entre Madrid y Málaga un 14% de pasajeros". Y digo yo: ¿cómo los pierde, se le van cayendo por las escotillas o qué?. Sobre todo, ¿no será peligroso el avión?. Luego resulta que la noticia no era tal, sino que decrece el número de pasajeros de esa línea (no me extraña, con estos titulares).
3) En el periódico de ayer (El País, edición Andalucía): "Muere ante un salón de juego acuchillado". Desconocía la existencia del juego acuchillado, y de los salones dedicados a esta actividad. O quizás se refiere a la decoración del local. No sé a qué carta quedarme.
La canción Meglio Stasera, fue compuesta por Henry Mancini para la famosa película La pantera rosa (1963), y, como otras melodías de esta película, se convierte en tarareo obsesivo en cuanto se escucha. Como curiosidad, la versión en italiano que se disfruta en la película, formando un breve número musical, luego no aparece en la banda sonora original. Es una lástima, porque esa versión es mi preferida, y es la que dejo enlazada aquí, para quien quiera ver, escuchar y puede que bailotear: en Dailymotion (es divertida, no se la pierdan)
La construcción abierta de la casa shinden y su íntima relación con el jardín eran características que le conferían un indudable atractivo. Sin embargo, por lo que a comodidad física se refiere, las viviendas heian, incluso las de los aristócratas más ricos, difícilmente podrían haber sido menos sugerentes. En particular, estaban mal equipadas para hacer frente a los rigurosos inviernos de la ciudad. Los redondos braseros de madera, que constituían el principal medio de calefacción, tenían escaso efecto sobre la temperatura de las grandes salas abiertas y los largos corredores llenos de corrientes. Esto repercutía directamente en las modas. Las mujeres debían protegerse con numerosas capas de ropa y, puesto que se trataba de una época de buen gusto, hacían de la necesidad virtud, y la sutil armonía de los colores de las diferentes capas constituía uno de los grandes artes de la vida cotidiana.
Pueden leer un fragmento mayor, si les apetece, acerca de la arquitectura de la época Heian en Japón (en torno al año 1000), las casas de los nobles, su mobiliario y otras curiosidades. Hay mucho más en este libro, que trata de forma amena sobre un mundo que nos resulta tan lejano, ese sofisticado mundo en que se escribieron obras como La historia de Genji o El libro de la almohada, y me parece una gran ayuda para cualquiera que se haya acercado a estas obras, además de una lectura entretenida e interesante.