jueves, julio 06, 2006

La verdadera llegada del verano se hace notar: el balance de actividades se reduce a largas siestas y largas veladas en las terrazas. Y así nos quedan por delante tres meses, más o menos. Qué sufrimiento.

martes, junio 27, 2006

A medida que pasaba el tiempo, una y otra vez salpicado por mis vueltas a su Historia, empecé a experimentar hacia él un sentimiento de cordialidad, incluso de amistad. Me resultaba difícil prescindir ya no tanto de su libro como de su persona. Un sentimiento complejo que no sabría describir fielmente, pues se trata de sentirse próximo a alguien a quien no conocemos personalmente y que, sin embargo, nos cautiva y atrae con una actitud hacia los otros y una manera de ser tales que allí donde aparece enseguida se convierte en germen de una comunión entre los hombres, en ese fermento que la crea y cimenta.
Heródoto es hijo de su cultura y de ese clima de buen talante hacia la gente que ésta se ha forjado. Es una cultura de largas y hospitalarias mesas, a las cuales, en tardes y noches cálidas, se sientan muchas personas juntas para comer queso y aceitunas, tomar vino fresco y hablar. Ese espacio abierto, sin paredes que lo limiten, en la orilla del mar o en la falda de una montaña, es precisamente lo que libera la imaginación humana. El encuentro brinda a los contadores de historias una oportunidad para lucirse, para improvisar torneos espontáneos en los que acaban llevando la voz cantante aquellos que saben contar la historia más interesante, relatar el acontecimiento más extraordinario. Los hechos se mezclan con las fantasías, se confunden los lugares y los tiempos, nacen las leyendas y los mitos...

El taller del griego, p. 201

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuscinski (traducción de Agata Orzeszek) Ed. Anagrama, 2006

lunes, junio 19, 2006

He recibido un regalo estupendo, de ésos tan buenos que parecen hechos a medida, de ésos que parecen estar esperándote:


Y todo gracias a esa persona que vive conmigo, y que encuentra en un quiosco, en la otra punta del país, estas dos películas, y me llama por teléfono para preguntarme si las quiero, porque le parece una ocasión estupenda y sabe que me encantan.
Por si alguien puede aprovecharlo, se encuentran al módico precio de diez euros, en una colección llamada "Días de cine".

Especialmente, Las vacaciones de M. Hulot es una película que me hace reír hasta que se me caen lagrimillas y me pone de un buen humor enorme. Genial, original y graciosísima, puedo verla montones de veces, en uno de esos ciclos compulsivos que me dan y me hacen temible (así que el que me compren Dos películas de Tati puede ser aún peor para el donante).

Y es la primera foto hecha con mi nueva cámara que pego aquí. Otra ocasión más que celebrar.

sábado, junio 17, 2006

Vuelves a viejos lugares conocidos y, al pronunciar sus nombres, al hacerlos rodar en la boca, se quiebra una cáscara y despierta la conciencia del recuerdo, que es a la vez extrañamiento: Yo Una Vez Fuí De Aquí.
Es raro el regusto de la toponimia en el paladar.

viernes, junio 02, 2006

Con el pie en el estribo (salgo mañana mismo de viaje, y muy temprano), respondo a otro emplazamiento: desde Doceava Noche, me piden que declare qué trío, de libros, discos, películas, me ha impresionado o me parece más importante en mi vida (que, sin duda, sería inconmensurablemente más triste sin estos tres elementos).

1) La Isla del Tesoro es un libro fenomenal, pero me apetece elegir otro de mis libros fundamentales: Ensayos, de Michel de Montaigne (la traducción y edición tiene que ser la de Mª Dolores Picazo y Almudena Montojo).
Decidir ha sido más fácil de lo que creía, simplemente es el libro que tengo, como reserva, en mi mesita de noche desde hace unos catorce años: cuando no tengo nada que leer, no desespero, tengo a mi Montaigne (y siempre que lo releo me vuelve a encantar)

2) El disco, sin duda, es London Calling, de The Clash. Sin comentarios.

3) La película que siempre me impresiona, y que necesito volver a ver de vez en cuando (para comprobar que me sigue impresionando) es El Padrino. Y es, quizás, la única excepción que admito en mi absoluta convicción de que John Ford Es El Mejor Director Del Mundo. Y Billy Wilder se sienta a su derecha.
(En ésto soy radical)

Se supone que tengo que enganchar a otros tres en esta cadena, así que quedan emplazados Cisne Negro, el señor Otis B. Driftwood, y, además, Carmen, que pueden contestar o no, según les apetezca.

Y ésto me viene muy bien para evitar despedirme a la francesa, así que les digo a todos: Hasta pronto.

viernes, mayo 19, 2006

1) no creo en las Malas Vibraciones (ni, consecuentemente, en las Buenas): si de verdad existiese tal cosa, los motoristas petardeantes que fastidian siestas y noches perfectas de verano, caerían golpeados por una inmensa ola de odio reconcentrado que van levantando a su paso, una ola con la consistencia de un muro. Ídem para los conductores de coches con música a todo volumen y ventanillas bajadas. Y siguen su camino, impasibles, complacidos en sí mismos.

2) el clima es un gran tema de conversación, permite hablar de la actualidad sin agriarse, aportando argumentos, intentando conclusiones; y nos hace sentir parte de cierto saber científico, nos hace creer que sabemos algo del mundo que nos rodea.

3) las visitas en la propia casa tienen el don de modificar la rutina, incluída la de usar internet

4) he recordado algo bueno del tener que atender clases o conferencias por obligación, ahí sentada simplemente escuchando: la imaginación se despereza, se va de viaje y, a veces, vuelve con regalos. He vuelto a llenar los márgenes de las páginas con fantásticos dibujos, he hecho planes de viajes, listas de la compra, propósitos maravillosos. Que no se diga que se pierde el tiempo en una clase aburrida.

5) otro modo de aburrirse es sacarse el carné de conducir; pero es simplemente un mal trago que hay que apurar y luego olvidar. Osea, que nadie guarda recuerdo ninguno del reglamento de circulación que tuvo que estudiar para rellenar un test.

miércoles, mayo 10, 2006

Esta reseña que leí en el utilísimo P. Jorge, me llevó hasta un libro muy interesante, titulado La religión de los samurai de Kaiten Nukariya.

Y ahora, como el libro en cuestión me ha gustado, traigo unos fragmentos (muy personalmente escogidos), por si alguien lo encuentra también interesante. Es una forma de compartir los pasajes subrayados, pero también sirve para no tener que echar mano de la memoria propia para volver a encontrarlos. Así que, queda estibado en la bodega de esta modesta embarcación.

lunes, mayo 01, 2006

Acabo de ver un episodio de C.S.I. Las Vegas (¿Quién mató a Sherlock?) y no puedo dejar de mencionar que una de las referencias que hacen a las historias del Gran Detective es, concretamente, a la que se titula La aventura del puente de Thor (léanla, que es muy buena).
Por lo demás, qué mal parados salen en estas series de tv los entusiastas de cualquier tema, sea el rol, las novelas de Conan Doyle o lo que sea.
Y si alguien se interesa por el Canon o cualquier otro detalle sherlockiano, siempre pueden visitar Eureka, dijo Sherlock, porque cualquier ocasión viene bien para ello.

domingo, abril 30, 2006

Existe un disfrute sutil de las cosas, un disfrute por delegación, que se produce, por ejemplo, cuando se está comiendo una tapa de ensaladilla de gambas y se piensa en cuánto le gustaría a cierta amiga (que se encuentra a quinientos kilómetros de distancia y no se encuentra, por tanto, en disposición de degustarla ahora mismo). Igual vale para un lugar, un paisaje, un suceso o cualquier otra concrección del espacio-tiempo.
También se produce cuando leemos un libro, un relato, un artículo en una revista, y al momento se nos viene a la mente lo interesante que lo encontraría y cómo podría comentarlo una persona concreta, un amigo. Y leemos, disfrutando por delegación, al pensar en el disfrute que le produciría.
Podría ser que estuviéramos desdoblándonos en dos lectores simultáneos, pero a veces creo que, en estos casos, no es uno mismo el que está leyendo: se lee revestido de otra personalidad, que conocemos bien, se lee con otros ojos.
Claro que, igualmente, podría dudar de que fuese yo misma la que el otro día saboreó una tapa, (tan abstraída estaba en lo feliz que le haría a otra persona), por más que fue mi estómago el que la digirió.

sábado, abril 22, 2006

Tengo la teoría de que hay libros que sólo llegan a disfrutarse si se han hecho otras lecturas previas (o se tiene una cierta edad, ciertas experiencias, o lo que sea que le haga a uno menos impaciente y más juicioso, si es posible tal cosa). Igual que hay plantas que sólo arraigan en ciertos sustratos, estos libros sólo echan raíces en nosotros cuando existe el adecuado sedimento.

En cambio, hay otros libros que pueden devorarse en cualquier momento, con cualquier humor y predisposición, a cualquier edad. Y siempre nos agradan. No es mejor ni peor, sólo es diferente.

Así que supongo que todos tenemos nuestros favoritos de ambas clases y supongo, también, que existen Libros Renombrados Que No Hemos Podido Tragar, libros que ejercen una dura resistencia a nuestra voluntad de leerlos.
Puede que no nos cayesen en las manos en el momento adecuado, pero seguro que hay más lectores que no han podido con La Montaña Mágica, con Faulkner, o Los Miserables, o Dostoievski. Y ahora que se va a celebrar el Día del Libro, puede que sea buen momento para confesar que hay libros clásicos, muy recomendados, que encuentro insoportables.

viernes, abril 14, 2006

A partir de una llamada a nuestros orígenes como lectores, a los libros que marcaron nuestra infancia, leída en Doceava Noche, se me ocurre plantear la cuestión aquí, porque soy una sentimental: Qué libros han maravillado mi infancia y juventud (considerando ésta última bastante dilatada, ejem).

1) Kim, de Rudyard Kipling. El libro que te hace desear una vida libre y anarquista, entre las callejuelas de Lahore, y tener a un santón budista por maestro y amigo (y a un tratante de caballos afgano por compinche en el Gran Juego).
La ficción más deliciosa de la infancia. Y uno de los libros que más veces he releído.

2) Las aventuras de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle. La vida de Londres como un puzzle, la inteligencia como el arma definitiva, empieza la caza, Watson.
El culpable de mi larga afición al género policíaco: el primer crimen no se olvida (fue a los doce años).

3) El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien. El primer libro que deseé no haber leído para poderlo leer, de nuevo, por vez primera. Quince años tenía cuando lo empecé, y cada volumen me duraba un mes, el tiempo justo que tardaba en ahorrar el dinero para comprarme el siguiente.

4) La isla del tesoro, de Stevenson. Un libro que te agarra del pescuezo y te sumerge en la trama, desde la primera página, la del mapa de la isla (porque, ¿quién no ha dibujado alguna vez un mapa del tesoro?)

5) Las paradojas de Mr. Pond, de G. K. Chesterton. El espectáculo puro: el gran prestidigitador saca un conejo del sombrero, pero a veces no es un conejo sino un cocodrilo, o su abuelita. Y lo hace delante de tus narices y avisándote de que todo es, ha sido y será... una paradoja.

Éstos son los libros que, con gusto, recomendaría para leerse antes de llegar a la mayoría de edad. No significa que yo así lo hiciese, pero los consejos se dan cuando ya es tarde para aplicárselos a uno mismo, generalmente.

domingo, abril 09, 2006

Aunque las recomendaciones de mis conocidos tienden hacia Greenday, o Franz Ferdinand (se acercan a mis gustos, pero no dan de lleno), los dos grupos que más escucho últimamente son suecos (el rock en los países escandinavos está muy vivo), y tampoco son novísimos precisamente:

The Hives sacó Tyrannosaurus Hives en 2003, y su recopilatorio Your New Favourite Band en 2001.

El último disco de The Hellacopters es del 2005, Rock & Roll's dead, pero el otro que oigo constantemente es By The Grace Of God (creo que del 2002). Desde luego, no son precisamente un grupo de recién llegados y tienen discografía en abundancia. En su página se pueden escuchar sus alegres cancioncillas.

Y los nombres de ambos empiezan por H. Qué curioso.

martes, abril 04, 2006

El día 2 de abril es el día del Libro Infantil y Juvenil y se me ha pasado completamente. Aunque sea un poco tarde, sigue siendo buen momento para enlazar uno de mis cuentos favoritos (creo que el mejor cuento de animales jamás escrito): Rikki-tikki-tavi de Rudyard Kipling.
De paso, Sredni Vashtar de Saki es un gran cuento con animales, de un estilo bien distinto.

Curiosamente hace tres años recomendé el mismo cuento, por las mismas fechas. Una prueba de la resistencia en el recuerdo de las cosas buenas, por ejemplo.
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En The Night of the Hunter sí que saben celebrar las efemérides importantes, a tiempo y comentando Diez Grandes Películas que todos los niños deberían ver antes de los catorce. Recomendaciones como éstas merece la pena apuntárselas: me faltan unas cuantas películas y, ay, tengo más del doble de catorce años.

viernes, marzo 31, 2006

Contemplando las cosas con cierta perspectiva, los inconvenientes del trabajo, los bajos sueldos y otras miserias inherentes al sistema, no son nada, comparados con la posibilidad de tomarse una cervecita en una terraza.
El primer día en que te atreves a llevar manga corta, en que no llevas calcetines gordos. Ese placer del cuerpo reconquistando el aire libre, ese expandirse la piel, respirar los poros, esa voluptuosidad del cambio de temperatura, de luz.
Oler las frutas nuevas en el mercado. Ver mudar de colorido a los maniquíes en los escaparates. Flores, gafas de sol, piernas al aire.
Qué más se puede pedir, si además es viernes.

viernes, marzo 24, 2006

A veces, no apetece leer nada, nada en concreto al menos. Se empiezan varios libros y, sin motivo aparente, se abandonan. Se busca algo distinto de lo que tenemos a mano. Y se entra en el Síndrome del Lector Renuente. Se ojea, se revuelve en el fondo de las estanterías, incluso se busca entre las novedades. Nada.
Sólo queda refugiarse en la literatura policíaca, a la espera de un cambio de viento que nos devuelva el entusiasmo.
Me gusta Lorenzo Silva, y su sargento Bevilacqua (tiene nombre de envenenador del Renacimiento). Ya he terminado El lejano país de los estanques, y llevo empezada La niebla y la doncella. Sospecho que no estoy respetando el orden de las obras, pero creo que tampoco importa tanto. Me gustan esas tramas sin pretensiones de espectacularidad, cotidianas: la ambientación y su verismo son la mitad del interés del género, según yo lo veo.
Hoy por hoy, puede que la Novela Realista sea imposible como tal, pero, en cierto modo, pervive dentro de ese género (de apariencia menor) que se llama policíaco.