jueves, enero 24, 2008

Algunos comportamientos inextinguibles, vistos desde el otro lado de esta bitácora.

jueves, enero 17, 2008


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Me acuerdo de que el verdadero nombre de Lord Mountbatten era Battenberg.
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Me acuerdo de los fulares de seda hechos de tela de paracaídas.
34

Me acuerdo de la cinemateca de la avenida de Messine
...
211

Me acuerdo de un queso que se llamaba "La Vaca Seria" ("La Vaca que Ríe" los llevó a juicio y ganó)
...
451

Me acuerdo de Robert Mitchum cuando decía "Children..." en la película de Charles Laughton
La noche del cazador


Me acuerdo, Georges Perec
Traducción y notas, Yolanda Morató. Ed. Berenice, 2006

sábado, enero 05, 2008

1) He añadido a las bodegas de esta modesta embarcación, unos fragmentos del Heike Monogatari, para que los puedan leer, y les sean de provecho.

2) Una bitácora con un nombre que despierta mis simpatías: La posada del Almirante Benbow, que, además, deja bien alta su enseña, ofreciendo interesantes artículos.

3) he leído Emigrantes, un cómic que me ha gustando tanto, que todos los adjetivos que se me ocurren para definirlo me dan un poco de vergüenza: no sé decir que es un cómic bellísimo, enternecedor, mágico y delicado, sin sentirme irremediablemente cursi. Así que me invento todo este rodeo para soltar que, de verdad, lo es. Imprescindible a estas alturas en mi vida, tanto que pienso comprarlo.

miércoles, enero 02, 2008

Grandes Propósitos de Año Nuevo , (formulados públicamente, a fin de fortalecer la voluntad y evitar la desmemoria):

1- Leer más a Dickens, empezando por Pickwick.

2- Leer a Georges Perec.

3- Leer El mundo del príncipe resplandeciente, de Ivan Morris, en cuanto lo tengan en la biblioteca.

4- Leer Los Ensayos. Según la edición de 1595 de Marie de Gournay de Montaigne, y descubrir si debo ser infiel a la edición a cargo de Mª Dolores Picazo, que me viene acompañando hace quince años (y a la que, sentimentalmente, veo difícil renunciar).

5- Leer, en general.

miércoles, diciembre 19, 2007

Me voy unos días a un pueblecito, sin dvd ni internet. Y me llevo el Heike Monogatari, que es el libro más gordo que tengo en casa.
Felices Fiestas a todos.

domingo, diciembre 16, 2007

Voy a continuar con una idea que empecé el año pasado, compartiendo mis películas clásicas para estas fechas: buenas y apropiadas películas, cuya recomendación sigo suscribiendo. Pero, además voy a dar algunas ideas, con la misma finalidad: pasarlo lo mejor posible, huyendo de la oferta televisiva. Aún recuerdo cuando la programación se adecuaba al momento del año, y durante las vacaciones escolares nos ponían dibujos y películas de aventuras: aquello acabó.
Así que, aquí van algunas películas que me gustan, que nunca aparecerán en listados de obras maestras absolutas (ni falta que hace, por otra parte), pero excelentes para pasar un buen rato; cine sin más pretensión que divertir.

1) La pantera rosa, 1963, y sus excelentes secuelas El regreso de la pantera rosa, 1975 y La pantera rosa ataca de nuevo, 1976, una trilogía de lo más estupendo, con la que reírse. Seguro que ya he hablado de ellas, y me estoy repitiendo, pero igualmente son muy divertidas. Pocas veces se encuentran secuelas que estén a la altura de la película original, pero éstas lo consiguen.

2) La carrera del siglo, 1965, otra película de enredos absurdos, dirigida, como las anteriores, por Blake Edwards. Con parodias de las clásicas películas de aventuras, incluyendo una del Prisionero de Zenda a cargo de Jack Lemmon, que parece poseído de espíritu de cine mudo. Sólo por ver a ese malvado de opereta, que interpreta Jack Lemmon, con su ayudante, Peter Falk, vale la pena (junto con una batalla de tartas desternillante). Tony Curtis como impecable galán de sonrisa brillante, enfrentado a Natalie Wood, una reportera sufragista, son los protagonistas.

3) Cómo robar un millón de dólares 1966. Comedia de robos y enredos, frívola y encantadora, entre palacetes y el Ritz de París. Con el romance de esa pareja tan elegante que hacen Audrey Hepburn y Peter O'Toole. Ella es fantástica. Siempre.

4) Operación Pacífico, 1959, otra comedia ligera, ligerísima, que pone una sonrisita en cualquiera que no tenga una patata por corazón. Cary Grant, qué más puedo decir. Vaya, y también dirigida por Blake Edwards.

5) Robin Hood, (1973), para que no falten dibujos animados de los clásicos (pero no tanto). Me hace muchísima gracia esta versión con animalitos del mítico personaje, y además, hay pocas canciones, lo que aún me gusta más. Todas mis valoraciones son subjetivas, pero mucho más ésta, así que tómenla en su justa medida.

viernes, diciembre 07, 2007

1) Importante aviso de intendencia: gracias a Apostillas, bitácora útil de muchas maneras, por la receta para conseguir que todo el mundo pueda dejar su comentario, y no sólo los usuarios de blogger. Para poder saltarse esta nueva limitación a la libre circulación de los comentadores, las instrucciones aquí mismo.
No sé a qué esperan, háganlo ya. Resumen para los vagos: entren en blogger in draft y cambien la configuración de los comentarios allí, para permitir el uso a todo el mundo, incluído open id.

2) He leído un comentario muy bueno sobre la película La brújula dorada, titulado (con mucho acierto, creo yo) La brújula de la verdad: ha sido en El diario de Mr. McGuffin.
Me apetece ver la película, pero, al mismo tiempo, estoy reticente: al fin, iré al cine, y arrostraré las consecuencias (espero sobrevivir a las jaurías de adolescentes, y demás fauna del centro comercial)

3) Otra película que seguramente iré a ver, es la adaptación de la novela Los crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez. Una novela de supuesto tema detectivesco, aunque, como de costumbre, es sólo una excusa para atraer nuestra atención mientras nos exponen algunos dilemas matemáticos y de otro tipo.
El blog del director se llama Blasfemando en el vórtice del universo y es un ejemplo de cordura y sutileza intelectual (lo digo completamente en serio), además de que se trata de mi director de cine, español, vivo y de Bilbao, favorito.

jueves, diciembre 06, 2007

Cinco años escribiendo aquí, a través de mudanzas, cambios, abandonos y desganas superadas, con una media de (quizás, con suerte) diez o doce lectores, bienvenidos sean. Reconozco que no soy constante, que escribo cuando me apetece (y sólo entonces), que me complace adoptar una postura frívola, recrearme en lo que me divierte, ignorando lo demás (ah, tengo la profundidad de un charco). Sí, y a pesar de todo, he resistido cinco años: el mérito es más bien de los que me han soportado tanto tiempo. Mi más gentil homenaje en este cumpleaños.

Como no tengo foto de ninguna tarta, les dedico ésta de un plato de langostinos que preparé el sábado pasado. Es más marinero, y, voto a bríos, bien buenos que estaban.



Así fueron los comienzos.
El primer aniversario. Segundo. Tercero. Y el cuarto.

domingo, diciembre 02, 2007

1) Los sábados compro dos periódicos: tres euros me dejo en el quiosco (también compro el pan). La culpa de este incremento en el gasto la tiene mi poca conformidad con el suplemento cultural que habitualmente leía (muy desvaído). No he sustituído un periódico por otro, simplemente he ampliado mi repertorio, en busca de algo más. Para una persona tan aficionada a la repetición de rutinas como yo, esta variación es importante, casi radical. Significa que cada vez tolero peor esos ángulos ciegos que produce leer sólo un lado de las cosas. Y que me he acostumbrado a internet.

2) Las ovejas de Glennkill, de Leonie Swann, es un buen entretenimiento para los que gustamos de la novela detectivesca de estilo whodunit, que es un género nada agotado si se cuenta con un punto de vista original. El hilo de la historia sigue siendo "quién mató a George", pero es una excusa: lo que importa es el retrato de un lugar, un ambiente, un rebaño.
Una reseña en P. Jorge que puede animarles a leer este libro: conmigo funcionó.

domingo, noviembre 25, 2007

Puede que, por una vez, tenga algo que agradecer a la publicidad previa de una película. Porque, sin esos carteles de una niña montada en un oso polar, con esa evocadora Brújula Dorada en el título, puede que no se me hubiese antojado leer los libros de esta saga. A veces, una imagen ilumina los rincones donde ha caído una referencia, una información recibida, como si un foco de luz hiciese resaltar lo que hasta ese momento estaba en segundo plano. Llevaba un buen tiempo recibiendo críticas, comentarios, sobre el señor Pullman y su Materia Oscura, y estaba pasando de largo, hasta ahora.
Unos libros que me he tragado de un tirón (el primero en una tarde-noche, hasta acostarme de madrugada, aún llena la cabeza de peligros bajo las luces del norte). He vuelto a entusiasmarme, no con la aceptación total de los primeros amores literarios, que rechazan cualquier crítica (supongo que porque mi edad me dispensa de esa ceguera). Pero sí emocionándome en el calor de la aventura, sin dejar la fría consideración de las cualidades narrativas. En este equilibrio se encuentra la virtud, ya que sin peripecias e intrigas que nos interesen no hay nada, igual que están destinadas al olvido las aventuras sin un sentido y un fondo (y no me refiero a las lecciones moralizantes que algunos autores injertan en la literatura llamada juvenil, esperando que los lectores se traguen lo que es claramente un engendro).

Luces del norte empieza con la pequeña Lyra y su daimonion escondiéndose tras una butaca en una sala donde no deberían estar, escuchando y viendo reuniones de adultos, donde surje el eco del lejano norte como territorio de exploración, de aventura, de sucesos trascendentes. Un modo clásico de inyectarnos la curiosidad en el cuerpo: es difícil no querer enterarse de más sobre daimonions y Auroras Boreales, saber qué sucederá a continuación en el Jordan College de Oxford, donde Lyra vive como una huérfana adoptada por la institución, yendo y viniendo en una vida lo más libre posible. Aparecen en escena los siniestros Zampones, un rumor sobre ladrones de niños, apenas creído por nadie, una sombra que señala al norte donde desaparecen los niños robados. Y la fascinante señora Coulter, toda seducción y buenas maneras, o éso parece. Y el aletiómetro, esa extraña brújula que es entregada a Lyra como un tesoro. Y los giptanos en sus barcazas, con su gran rey y su más grande sabio, Farder Coram. Y el oso acorazado, Iorek Byrnison, un fenómeno de fuerza, terrible como enemigo, que siempre cumple su palabra. Y las brujas, y un globo aerostático, y viajes en trineo. Y mucho más que no puedo contar, porque ya es demasiado desvelar de una historia que debe conocerse según quiso el autor, y no seré yo quien la reviente más de lo necesario: sólo quiero transmitir el encantamiento de leer una aventura.

Algunas reseñas:
- una crítica literaria
- dentro del género de fantasía
- en la Wikipedia, ojo, con detalles de la trama.

martes, noviembre 13, 2007

Un lector habitual que no encuentra qué leer, vagabundea por las bibliotecas, por las librerías, igual que un perro sin dueño se acerca, renuente, a husmear las rodilleras del pantalón de algún desconocido. Qué buscamos entonces, en qué libro acabaremos encallando después de estar a la deriva, es difícil saberlo. Un color en la portada, la promesa de repetir viejos sabores, la desesperación por leer ya cualquier cosa, por echar mano de los clásicos que nunca nos defraudan, de nuevo.
En resumen, fatigar anaqueles, que dicen los pedantes.

miércoles, noviembre 07, 2007

Me he apuntado al Evento Blog, que se celebrará en Sevilla el 23, 24 y 25 de noviembre. Al menos estaré allí el sábado, así que, los que quieran ponerse en contacto conmigo, den señales de vida en comentarios, mensajes o como tengan por oportuno. Será un placer saludarles, si hay ocasión.

Martin Rees, astrónomo real inglés, cree que hay muchos universos, quizás un número infinito, cada uno con atributos distintos, en combinaciones distintas, y que nosotros simplemente vivimos en uno que combina las cosas de manera tal que nos permite existir en él. Establece una analogía con una tienda de ropa muy grande: "Si hay grandes existencias de ropa, no te soprende encontrar un traje que te valga. Si hay muchos universos, regidos cada uno de ellos por un conjunto de números distintos, habrá uno en el que exista un conjunto determinado de números apropiados para la vida. Nosotros estamos en ése"
...
En un dibujo a escala del sistema solar, con la Tierra reducida al diámetro aproximado de un guisante, Júpiter estaría a 300 metros de distancia y Plutón a 2,5 kilómetros -y sería del tamaño similar al de una bacteria, así que de todos modos no podrías verlo-. A la misma escala, Próxima Centauri, que es la estrella que nos queda más cerca, estaría a 16.000 kilómetros de distancia. Aunque lo redujeses todo de tamaño hasta el punto en que Júpiter fuese tan pequeño como el punto final de esta frase y Plutón no mayor que una molécula, Plutón seguiría quedando a 10 metros de distancia.


Una breve historia de casi todo, Bill Bryson
leído gracias a una recomendación perfectamente justificada, en Fogonazos: Diez enseñanzas del señor Bryson

jueves, noviembre 01, 2007

El enigma de París, de Pablo de Santis, una novela de homenaje al clásico género detectivesco, a modo de pastiche, con su correspondientes intrigas y asesinatos, en el París de la Exposición Universal, con la torre Eiffel en obras aún. Pero también una historia de iniciación de un joven, que se encuentra con sus admirados Doce Detectives (y sus correspondientes asistentes o adláteres) y, por supuesto, un divertimento que evoca con nostalgia un mundo iluminado por faroles de gas, cuando la electricidad era una recién llegada.
Esta es una novela entretenidísima, bien escrita, eficaz, y me ha gustado especialmente. Claro que, tratándose de detectives, soy un público fácil.
Un fragmento:
Pensé que no hay en la vida mayor gloria que hacer del propio nombre un salvoconducto capaz de abrir puertas y comprar voluntades. Bajé al salón con la alegría que deben sentir los conspiradores ante cada secreto, ante cada símbolo que les señala que están fuera de las cosas triviales de la vida.

Algunas otras opiniones sobre el libro, por Liniers y una reseña debidamente hecha aquí, por ejemplo.

domingo, octubre 28, 2007

He ido al cine a ver Un funeral de muerte, esperando una de esas comedias costumbristas inglesas con un toque de humor negro. Considerando la escasez de este género de películas, vale la pena verla, y Alan Tudyk está muy gracioso (en la serie Firefly se veía su talento de comediante). No es una obra cumbre, no pasa de tener un par de buenos golpes de absurdo y disparate, y creo que le falta alguna carga de profundidad dirigida a la hipocresía, a las relaciones sociales, algo más de esa burla satírica que hace grande una comedia, que le da fundamento. Pero sigue siendo un entretenimiento aceptable.

Tampoco ayudó a que disfrutase de la película la jauría de jovencitas en la sala, y es una más de las razones por las que voy poco al cine: si tengo que ir al mini centro comercial de la ciudad, porque no hay más salas, y tengo que aguantar las condiciones y la oferta miserable, prefiero limitarme a ver películas en el sofá de mi casa, donde la cartelera ofrece más opciones. Y espero que sea la última vez que tropiezo en esta piedra.

Es buen momento para recordar algunas otras películas, como El jardin de la alegría (Saving Grace, 2000), o Despertando a Ned (Waking Ned, 1998), de un estilo similar, que me hicieron reír bastante más. Y, por supuesto, en una categoría muy superior, algunos clásicos del cine inglés, que puede que fueran fuente de inspiración para esta película, como Whisky Galore! (1949) titulada en español Whisky a gogó, una comedia con un encanto que es imposible no añorar.