martes, septiembre 12, 2006

"El ron también se volvió popular entre los marineros, y desde 1655 se adoptó como sustituto de la tradicional ración de cerveza en los barcos de la Royal Navy en el Caribe. En un siglo se había convertido en la bebida preferida de la marina durante las travesías largas. Sin embargo, sustituir el habitual galón de cerveza floja y perecedera por la media pinta de ron tuvo las previsibles consecuencias sobre la disciplina y la eficacia, y llevó al almirante Edward Vernon a dictar la orden de que el ron debía mezclarse con dos pintas de agua. Diluir el ron no afectaba a la cantidad total de alcohol consumida, aunque hacía que los marineros tuvieran más inclinación a beber el agua, de otro modo desagradable, disponible a bordo de los barcos. Lo que demostró ser mucho más importante fue la idea de Vernon de añadir azúcar y zumo de lima a la mezcla para hacerla más apetecible. Había inventado un primitivo cóctel que fue bautizado de inmediato en su honor. El apodo de Vernon era Old Grogram, porque llevaba una capa impermeable hecha de grogram, un tejido tosco endurecido con goma. Su nueva bebida pasó a conocerse como grog."...


Tom Standage, La historia del mundo en seis tragos (De la cerveza de los faraones a la Coca-Cola), ed. Debate (2006)
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Añadido: para leer un fragmento mayor.

jueves, agosto 31, 2006

Blogday, una celebración en la que recomendar cinco blogs, una ocasión para echar una ojeada en otros territorios.
En mi caso, elegiré los que últimamente me han atraído fuera de mi senda:

1) gachas at Tiffany's, un blog personal, personalísimo

2) La doceava noche por afinidades

3) mirá!: nuevas tecnologías, arte, imagen, publicidad y lindas estampas.

4) fogonazos: asombros diarios (justo lo que promete)

5) itzpapalotl, siempre me encanta (de encantamiento)

miércoles, agosto 30, 2006

El calor no es un tema de conversación, es una realidad física, palpable, mortal. La sombra misma tiene entidad, cuerpo: sumergirse en una sombra es entrar en otro mundo, con una densidad del aire tan distinta que parecería otro gas, más liviano, más respirable, más alegre.
Cruzar la calle a las tres de la tarde, saliendo a pleno sol, es un ejercicio de convicción, de voluntad, la mente obligando al cuerpo a hacer algo doloroso. Mejor no lo prueben. Sólo para especialistas.
Acabo de llegar a casa, tengan piedad de mí.

domingo, agosto 20, 2006

1) Para que se hagan una idea (si les apetece) del libro que comentaba, dejo un fragmento de Las bodas de Cadmo y Harmonía de R. Calasso.

2) Estoy leyendo Viajeros medievales. Los ricos y los insatisfechos de Margaret W. Labarge (ed. Nerea), y me está gustando: el estilo es ameno, y el tema interesante. Ha sido un hallazgo casual en la biblioteca pública, al buscar otro libro que no encontré. Últimamente confío la elección de mis lecturas un poco al azar. Y no me va mal.

3) Nada que hacer, horarios restringidos, ningún servicio, mucho calor. Esta ciudad a veces me exaspera en su incompetencia, en su limitación. El único cine que queda está en un centro comercial rodeado de nada: hay que ir a propósito hasta allí, juntando voluntad, y luego afrontar la vuelta caminando hasta encontrar dónde tomarse esa cerveza (que te bebes como un dipsómano).
Peor aún es que falle algo y te quedes sin película, después del paseíto: empiezas a poner al cielo por testigo de que nunca volverás a ir al cine, y cosas así.

jueves, agosto 10, 2006

Nuevas maravillas que me han encontrado:

1) Las bodas de Cadmo y Harmonía de Roberto Calasso. Un libro de los que empezaba a echar de menos, tan denso en ideas como interesante: despierta una sensación de sabiduría sin pretenciosidad, de conceptos que se nos van abriendo sucesivamente, sin intentar machacar, sin pesadez. Un verdadero paseo por la mitología griega, el porqué y el cómo de los dioses, de los héroes, su significado más allá de la trama de sus amores y aventuras, más allá de la erudición clásica.
Puede que no interese a todo el mundo, pero, casualmente, a mí me parece un tema fascinante. Me animó a leerlo este comentario en el clavel que se deshoja.

2) Primitivos del futuro es un comentario sobre las ilustraciones (preciosas) en un códice canadiense, y remite a una página (también bellísima) que pienso añadir a mis visitas ahorita mismo: BibliOdyssey. Pueden pasar horas saltando de sitio en sitio, viendo imágenes, dibujos o lo que sea, éso sí.
Todo ello gracias a mirá!, un blog estupendo que, bajo el lema "Para que una cosa sea interesante, basta con mirarla mucho tiempo", nos trae curiosidades e informaciones para los adictos a los estímulos visuales. Y qué buen lema.

miércoles, agosto 02, 2006

Una herramienta útil para publicar textos breves, sueltos o tomar notas, fácil y rápida: Short Text. De momento, he publicado unos extractos del libro 84, Charing Cross Road de Helene Hanff: quedan a disposición de quien quiera leerlos.

Visto en Ramón Buenaventura y luego en Libro de notas.

domingo, julio 30, 2006

El curso del 88-89 es, para mí, el tiempo de los comienzos. La mayoría de edad, recién adquirida, creía yo que me daba un ímpetu especial de persona adulta, lista para tomar decisiones importantes, para romper con los restos de la pegajosa adolescencia y su peso muerto. Empezaba la vida real y estaba leyendo La isla del tesoro
Fue el primer curso en la Universidad, ese centro del saber donde nos abrirían las cabezas como melones para meternos dentro conocimientos elevados, distintos de todo lo que habíamos aprendido antes. En la decepción estaba la semilla de todo lo que aprendí en los años universitarios, las cantinas, los cafés, el cine y las conversaciones largas, larguísimas.
Entablé conversación, por primera vez, con la que luego sería (y sigue siendo) mi mejor amiga, en la cola para matricularnos. Es un gran recuerdo.
Y también recuerdo momentos de felicidad absoluta, inesperada y sin motivo aparente. Una mañana en que tenía un examen, y simplemente me tiré sobre una alfombra a escuchar la radio mientras leía algunos temas, pensando en si me presentaría o no.
A veces la felicidad es el sol en las cortinas, una temperatura suave, estar descalza en una alfombra, y tener conciencia de que eres libre de ir o no ir a cualquier parte.
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Toda esta evocación viene de una iniciativa desde Cisne Negro, quien se hunde en la nostalgia del año 1985

Vean la lista de los años evocados, que espero que se vaya ampliando...

viernes, julio 21, 2006

84, Charing Cross Road, Helene Hanff
Permitir que se apague el entusiasmo antes de escribir las alabanzas de un libro que nos está gustando, puede parecer prudente. Pero también es injusto, porque ¿quién es tan avaro de no compartir el entusiamo?
Y así, me he contagiado alegremente, a partir del comentario en Veleidades Vitales. Por esta recomendación, desde este momento, mi deuda con C. Martín (lectora pertinaz) es perpetua.

El libro me ha llegado a las manos justo a tiempo, porque me encontraba en un momento de inercia, abandono e indolencia lectora, como para llamar al alienista más famoso.
Qué maravilla, qué bien comprendo algunas palabras de la señorita Helene Hanff, cómo envidio esa correspondencia, esa amistad en la distancia, esa buena voluntad entre desconocidos, esa perfecta sintonía entre personas que aparentemente sólo establecen una relación comercial. Siempre me ha parecido que un librero es algo más que un vendedor de libros. Ahora lo creo mucho más.

¿Acaso no es hermoso sumergirse en un mundo donde, a pesar de todas las restricciones físicas, se podía mantener una correspondencia con los dependientes de una librería al otro lado del Atlántico e incluso enviarles comestibles para paliar el racionamiento?.
¿No es fantástico unirse al club de admiradores de este libro, que dió fama a su autora por lo que mejor sabía hacer, por leer, nada más y nada menos, (y por escribir cartas a su librero haciéndole pedidos)?

Bien, y ahora tendré que comprarlo. Hay libros que necesito poseer, y éste es uno de ellos: las palabras de sus páginas se han quedado a vivir conmigo. Y en versión original ha de sonar mucho mejor.

14 East 95th St.
9 febrero 1952

INDOLENCIA:
podría PUDRIRME aquí aguardando a que me envíen algo para leer. debería pasar inmediatamente por Brentano, y lo haría sin duda..., si no fuera porque todo lo que busco está agotado.
Puede añadir las Vidas de Walton a la lista de libros que no me envía. Va contra mis principios comprar un libro que no he leído previamente: es como comprar un vestido sin probártelo, pero lo cierto es que aquí no es posible conseguir las Vidas de Walton ni en una biblioteca pública.
Es posible consultarlo, sí. Lo tienen, por ejemplo, en la biblioteca de barrio de la calle 42. ¡Pero no te lo puedes llevar en préstamo!, como me dijo en un tono casi escandalizado la blibiotecaria: tienes que tragártelo allí. sentarte en la sala 315 y leerlo de un tirón, sin poder tomar una taza de café, fumar un cigarrillo o salir a respirar una bocanada de aire fresco.
No importa. Q lo citaba ampliamente, así que ya sé que me gustará. me gustan las mismas cosas que a él..., salvo sus obras de ficción. jamás he conseguido interesarme por cosas que sé que jamás ocurrieron a personas que nunca han vivido.
¿y qué hace usted ahí todo el día, sentado en la trasera de su tienda y leyendo sin parar? ¿por qué no trata de venderle algún libro a alguien?

mis Hanff para usted.
(Soy helene, pero sólo para mis AMIGOS)

p.d. dígales a las chicas y a nora que, si todo va bien, tendrán medias de nailon para esta Cuaresma.

jueves, julio 20, 2006

Está formada en el mismo molde el alma del emperador y el alma del zapatero. Considerando la importancia de los actos de los príncipes, y su peso, creemos que están producidos por motivos igualmente importantes y de peso. Erramos: sus movimientos están guiados e impulsados por los mismos resortes que los nuestros. La misma razón que nos hace discutir con el vecino, provoca una guerra entre los príncipes; la misma razón que nos hace azotar a un lacayo, a un rey le hace arruinar una provincia. Desean con la misma ligereza que nosotros, mas pueden más. Las mismas apetencias agitan a una cresa y a un elefante.

Ensayos. Libro Segundo, XII: Apología de Raimundo Sabunde
Michel de Montaigne
(edición y traducción de Mª Dolores Picazo y Almudena Montojo)

miércoles, julio 12, 2006

Los anuncios se supone que pretenden convencerte de que compres algo o, al menos, dejar asentada en tu subconsciente una imagen positiva del producto, aunque no lo vayas a comprar inmediatamente. Está claro que no todos somos el objetivo al que se dirigen los publicistas: quieren atraer a un determinado público de posibles compradores, de cierto estatus, edad y condición. Así que tengo claro que muchos anuncios, especialmente los de coches, no están hechos para gente como yo (si es que existe tal cosa).

Asumiendo todo esto, hay anuncios que me parecen burdos, mal hechos, o irritantes. Sobre todo cuando exaltan valores que personalmente desprecio, como esos anuncios deliberadamente sexistas en que los hombres parecen subhumanos mientras las mujeres son el prototipo de todo lo que es inteligente, útil y bueno. Valiente timo.

Pero hay una generalidad de anuncios bobos, asentados en tópicos menudos, casi insignificantes, que son como un ruido visual. No son grandes ofensas, pero tiendo a verlas como parte de un bombardeo constante, complaciente con la banalidad, burlándose de toda esa polvorienta cultura, de los viejos edificios y la aburrida música clásica, de la defensa de la naturaleza y sus absurdas causas. Porque lo divertido de verdad, lo que de verdad importa es comprarse un cochecito, no "las gárgolas premedievales", "el minué a tres cuerdas" o "el apareamiento del escorpión bicéfalo", que, además, son cosas que no existen: es una buena manera de ironizar sin mancharse con alusiones directas. Podemos imaginar qué bien hubiera sido recibido el mismo anuncio con las catedrales góticas, la ópera barroca o el lince ibérico. Al menos, a veces, son sutiles.

De esta manera, están consiguiendo que cambie de canal para evitar algunos anuncios (visto el tiempo que ocupan, que es casi todo, es lo normal)

jueves, julio 06, 2006

La verdadera llegada del verano se hace notar: el balance de actividades se reduce a largas siestas y largas veladas en las terrazas. Y así nos quedan por delante tres meses, más o menos. Qué sufrimiento.

martes, junio 27, 2006

A medida que pasaba el tiempo, una y otra vez salpicado por mis vueltas a su Historia, empecé a experimentar hacia él un sentimiento de cordialidad, incluso de amistad. Me resultaba difícil prescindir ya no tanto de su libro como de su persona. Un sentimiento complejo que no sabría describir fielmente, pues se trata de sentirse próximo a alguien a quien no conocemos personalmente y que, sin embargo, nos cautiva y atrae con una actitud hacia los otros y una manera de ser tales que allí donde aparece enseguida se convierte en germen de una comunión entre los hombres, en ese fermento que la crea y cimenta.
Heródoto es hijo de su cultura y de ese clima de buen talante hacia la gente que ésta se ha forjado. Es una cultura de largas y hospitalarias mesas, a las cuales, en tardes y noches cálidas, se sientan muchas personas juntas para comer queso y aceitunas, tomar vino fresco y hablar. Ese espacio abierto, sin paredes que lo limiten, en la orilla del mar o en la falda de una montaña, es precisamente lo que libera la imaginación humana. El encuentro brinda a los contadores de historias una oportunidad para lucirse, para improvisar torneos espontáneos en los que acaban llevando la voz cantante aquellos que saben contar la historia más interesante, relatar el acontecimiento más extraordinario. Los hechos se mezclan con las fantasías, se confunden los lugares y los tiempos, nacen las leyendas y los mitos...

El taller del griego, p. 201

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuscinski (traducción de Agata Orzeszek) Ed. Anagrama, 2006

lunes, junio 19, 2006

He recibido un regalo estupendo, de ésos tan buenos que parecen hechos a medida, de ésos que parecen estar esperándote:


Y todo gracias a esa persona que vive conmigo, y que encuentra en un quiosco, en la otra punta del país, estas dos películas, y me llama por teléfono para preguntarme si las quiero, porque le parece una ocasión estupenda y sabe que me encantan.
Por si alguien puede aprovecharlo, se encuentran al módico precio de diez euros, en una colección llamada "Días de cine".

Especialmente, Las vacaciones de M. Hulot es una película que me hace reír hasta que se me caen lagrimillas y me pone de un buen humor enorme. Genial, original y graciosísima, puedo verla montones de veces, en uno de esos ciclos compulsivos que me dan y me hacen temible (así que el que me compren Dos películas de Tati puede ser aún peor para el donante).

Y es la primera foto hecha con mi nueva cámara que pego aquí. Otra ocasión más que celebrar.

sábado, junio 17, 2006

Vuelves a viejos lugares conocidos y, al pronunciar sus nombres, al hacerlos rodar en la boca, se quiebra una cáscara y despierta la conciencia del recuerdo, que es a la vez extrañamiento: Yo Una Vez Fuí De Aquí.
Es raro el regusto de la toponimia en el paladar.

viernes, junio 02, 2006

Con el pie en el estribo (salgo mañana mismo de viaje, y muy temprano), respondo a otro emplazamiento: desde Doceava Noche, me piden que declare qué trío, de libros, discos, películas, me ha impresionado o me parece más importante en mi vida (que, sin duda, sería inconmensurablemente más triste sin estos tres elementos).

1) La Isla del Tesoro es un libro fenomenal, pero me apetece elegir otro de mis libros fundamentales: Ensayos, de Michel de Montaigne (la traducción y edición tiene que ser la de Mª Dolores Picazo y Almudena Montojo).
Decidir ha sido más fácil de lo que creía, simplemente es el libro que tengo, como reserva, en mi mesita de noche desde hace unos catorce años: cuando no tengo nada que leer, no desespero, tengo a mi Montaigne (y siempre que lo releo me vuelve a encantar)

2) El disco, sin duda, es London Calling, de The Clash. Sin comentarios.

3) La película que siempre me impresiona, y que necesito volver a ver de vez en cuando (para comprobar que me sigue impresionando) es El Padrino. Y es, quizás, la única excepción que admito en mi absoluta convicción de que John Ford Es El Mejor Director Del Mundo. Y Billy Wilder se sienta a su derecha.
(En ésto soy radical)

Se supone que tengo que enganchar a otros tres en esta cadena, así que quedan emplazados Cisne Negro, el señor Otis B. Driftwood, y, además, Carmen, que pueden contestar o no, según les apetezca.

Y ésto me viene muy bien para evitar despedirme a la francesa, así que les digo a todos: Hasta pronto.