"La muerte y la brújula" de Jorge Luis Borges es uno de mis cuentos policíacos favoritos, que es tanto como decir que me pone un brillo de fanatismo en la mirada. Puede leerse en Apocatastasis. Es excelente, con una trama de apariencias tramposas y una ambientación colorista, geométrica, que hubiera encantado al mismísimo G.K. Chesterton (si no lo creen, véase "Las paradojas de Mr. Pond", el cuento titulado "Mr. Pond, el polichinela").
Escribo ésto cediendo a la inspiración de mi buen amigo Cisne Negro, al que, según leo, también le gusta Borges (lo sabía). Y es que si Borges es dios, Stevenson es su profeta (al bueno de Chesterton no sé dónde colocarlo, ni a Tolkien... así que tendré que crear un politeísmo: una religión a mi medida, mira que soy Hereje).
Para celebrar que a veces puedo ver mi propio blog, aquí pongo uno bien bonito: El forastero Como de costumbre, me parece estupendo, y además trae un mapamundi antiguo!!.
Estoy entrando en una dinámica nefasta: como el nuevo proxy de telefonica (no merecen el acento, los muy necios) me está mostrando siempre mi blog como estaba ayer o anteayer, sospecho que lo mismo hará con otros blogs que visito y con las páginas de noticias "frescas". Así que nunca sé si es que, casualmente, hoy no han escrito o no ha sucedido nada reseñable, o es simplemente que no lo puedo leer. Me imagino que otras personas estarán igual que yo, sumidos todos en una duda metafísica, esperando, sospechando. No es humano tratarnos así. Y ni siquiera sé si alguien podrá leer ésto hoy.
Como me he dado por las lecturas de tema actual, pongo otra página con filósofos griegos.
Es que me apetece unirme al "cinismo" (escuela filosófica, de lo otro ya hay bastante), vivir en un barril y vestirme con un saco (voy camino de conseguirlo igualmente, quiera o no)
Cinicos.com - En las fronteras de la Filosofía
No sé cómo ni porqué, pero he encontrado esta bitácora, que es más entretenida e inteligente que la mía. Y más variada. Y más leída... y podría seguir: Pedro Jorge Romero
En "La página definitiva" puede leerse esta encantadora Crítica de Las Dos Torres. Si son fanáticos, absténganse. Si son herejes, cismáticos o paganos, alejados de la verdadera religión de El señor de los anillos, seguro que se mueren de risa.
Ha venido de visita mi amiga C. y he pasado casi dos días hablando con ella, para aprovechar. Y es que tampoco encuentro a mi alrededor tantas personas con las que pueda conversar de tantas cosas, de cualquier cosa, sin el temor de resultar pedante, o demasiado superficial, o aburrida, o idiota...
Se vuelve difícil encontrar gente con intereses comunes, o con algún interés en escuchar y explicar novedades, libros, descubrimientos, películas, imágenes, pensamientos o lo que sea. Todos preferimos, en realidad, algo más ligero, que nos distraiga.
Nada de liviandades: una bitácora que encontré en Cisne Negro. Hago publicidad, porque me gusta, sin más.
Recomiendo un libro. De Luciano Canfora, "Una profesión peligrosa. La vida cotidiana de los filósofos griegos" (cuesta 12 euros; yo lo leí en la biblioteca pública, como siempre: vivan las bibliotecas y todos nuestros mecenas). La traducción parece apresurada, pero, a pesar de todo, el libro está muy bien. Por una vez, los filósofos no son genios sobrehumanos, sino tipos que vivían en el mundo real, un mundo muy complicado para sobrevivir, la verdad. Yo no hubiera durado ni medio día.
Y, como viene a cuento, uno de los "Aforismos" de Lichtenberg:
"Alcibíades le cortó un día el rabo a su perro. Cuando le preguntaron por qué, respondió que sólo por darles algo de que hablar a los atenienses"
Falta la opinión del perro sobre la filosofía: no creo que fuese buena.
Domingo por la tarde: una vez leídos los periódicos, sólo queda vaguear en el sofá, buscar algún vídeo que apetezca ver y entregarse a la molicie. Y es que los domingos nunca me han gustado, así que procuro sobrellevarlos ignorándolos, fingiendo que son un día cualquiera, un día ocioso por decisión propia. Tomo el control de mi propio tiempo, ordeno mi propio calendario (aunque sólo sea en el terreno de mi imaginación). Y es que detesto que me obliguen a la inactividad, que me fuercen a hacer fiesta, incluso más de lo que odio que me obliguen a hacer algo.
Después de leer ese bonito estudio sobre la influencia de Stevenson en Borges, me estoy releyendo varias antiguallas, novelas de aventuras, cuentos policíacos y tal, que tenía por ahí guardadas, acumulando polvo. Basta con una mención, apenas una insinuación, y se te hacen presentes: te atacan unas ganas feroces de volver a navegar con Flint en el Walrus, o de apuntarte al Club de los Negocios Raros, o de subirte al cañón de bronce que hay frente al Museo de Lahore (con Kim, claro está). En fin, cuanto vicio. Y que viva Ruritania.
Daniel Balderston: El precursor velado. R. L. Stevenson en la obra de Borges. Borges Studies on Line
La una y todo sereno.
Es muy tarde ya y espero acabar ya mismo la instalación de los comentarios, con el viejo método del "ensayo y horror". Lo he conseguido gracias al Cisne Negro, que me aconsejó y a Carmen, que me animó. El mundo está lleno de gente buena, sólo hay que encontrarla (la frase es tan tonta que sólo puede ser mía).
En fin, que sepa todo el mundo que tuve ayuda.
Para animar a leer a Chesterton, aquí hay un artículo muy ilustrativo sobre el autor y su más famoso personaje. Hace falta ser inglés para convertirse al catolicismo, defenderlo, y crear un cura desentrañador de misterios que es una verdadera cumbre del cuento policíaco. Por mi parte, soy anticlerical y lo seré hasta que me muera, pero me gusta Chesterton a rabiar.
Chesterton: creador del Padre Brown
He leído varios libros de Andrés Trapiello: digo libros, porque no eran novelas. Las cosas más extrañas, Una caña que piensa, Los caballeros del punto fijo. Me gustaron mucho, entre otras cosas por el sentido del humor, por la misantropía, y porque habla bien de Baroja y de otros autores fuera de onda. No es poco.
Así que me alegro de que le hayan dado el premio Nadal. Incluso puede que, para variar, me atreva a leer una novela premiada.
He vuelto a leer "El Señor de los Anillos": así, he descubierto que cuando lo leí por primera vez, con quince años, era más sensible a la épica, a las grandes luchas, a la aventura. Ahora me parece un libro lleno de desencanto y tristeza, de un mundo que agoniza, de personajes que saben que, incluso cuando triunfen sobre el mal, no podrán disfrutar de su triunfo. Pero tiene un mensaje de una moralidad casi existencialista: cada uno tiene que hacer lo que tiene que hacer. La moral de la acción, como en R.L. Stevenson.
Otra cosa que me ha hecho pensar: la nostalgia por el ordenado mundo campesino inglés, las virtudes de la vida sencilla, sin complicaciones, del pequeño propietario rural. Algo que también se encuentra a menudo en G.K. Chesterton, que es contemporáneo de Tolkien.
Supongo que podrían hacerse muchas otras comparaciones. Quizás otro día.
He vuelto de mis supuestas vacaciones: para tener vacaciones, primero habría que tener trabajo. Los opositores, desempleados y parásitos nunca descansamos (en ésto somos como los idiotas).